Con la llegada de las bajas temperaturas, muchas familias recurren a distintas formas de calefacción improvisada para combatir el frío. Entre ellas persiste una costumbre profundamente arraigada en nuestro país: el “jepe’e”, que consiste en encender braseros o hacer fuego dentro de habitaciones cerradas para generar calor durante el día o la noche.
Aunque para muchas personas se trata de una práctica habitual transmitida de generación en generación, el especialista advierte que puede convertirse en una amenaza para la salud debido a la acumulación de monóxido de carbono, un gas tóxico que no tiene color, olor ni sabor.
El médico intensivista neonatólogo pediatra Robert Núñez explicó que el riesgo aumenta especialmente en espacios reducidos y con escasa ventilación, donde suelen convivir varias personas durante la noche.
“En ambientes cerrados ya existe una menor renovación de oxígeno porque las personas respiran y liberan dióxido de carbono. Si a eso se suma un brasero o una fuente de combustión, se genera monóxido de carbono que desplaza al oxígeno y puede producir una intoxicación grave”, señaló.
Los primeros síntomas suelen pasar inadvertidos o confundirse con otras afecciones comunes. Dolor de cabeza, mareos, náuseas, vómitos, debilidad, somnolencia y sensación de malestar general son algunas de las manifestaciones iniciales.
Según el especialista, el problema radica en que muchas personas continúan expuestas al gas sin percibir el peligro. “El monóxido de carbono tiene un efecto tóxico sobre el organismo. Afecta la respiración, disminuye la oxigenación y puede generar insuficiencia respiratoria y, en casos graves, desencadenar un paro cardiorrespiratorio”, explicó.
Riesgo para toda la familia
La situación preocupa especialmente cuando hay niños pequeños, adultos mayores o personas con enfermedades respiratorias dentro de la vivienda, ya que estos grupos presentan una mayor vulnerabilidad frente a la falta de oxígeno.
Núñez recordó que las viviendas precarias suelen reunir varios factores de riesgo simultáneamente, como habitaciones pequeñas con escasa ventilación y presencia de múltiples ocupantes. “Muchas veces hay varias personas compartiendo una misma pieza y se utiliza el brasero para mantener el calor durante toda la noche. Eso favorece la acumulación de gases tóxicos”, indicó.
Ante síntomas compatibles con intoxicación, el especialista recomendó trasladar inmediatamente a la persona a un lugar ventilado y buscar atención médica urgente. Dependiendo de la gravedad, puede requerirse oxigenoterapia e incluso cuidados intensivos.
El profesional insiste en que la mejor medida preventiva sigue siendo evitar cualquier tipo de combustión dentro de espacios cerrados, mantener una adecuada ventilación y apagar completamente braseros o fogones antes de dormir.
¿Cómo reconocer una intoxicación por monóxido de carbono?
Uno de los principales problemas de la intoxicación por monóxido de carbono es que sus síntomas suelen confundirse con cuadros virales, digestivos o estados de cansancio, lo que retrasa la consulta médica.
Entre las señales de alerta más frecuentes se encuentran el dolor de cabeza persistente, mareos, náuseas, vómitos, debilidad, somnolencia excesiva y dificultad para respirar. Cuando la exposición continúa, la persona puede perder el conocimiento debido a la falta de oxígeno.
El médico intensivista Robert Núñez explicó que el monóxido de carbono afecta directamente la capacidad del organismo para transportar oxígeno, comprometiendo órganos vitales como el cerebro y el corazón.
Ante la sospecha de intoxicación, la recomendación es abrir puertas y ventanas, retirar a la persona del ambiente contaminado y acudir de inmediato a un centro asistencial cercano.










