La automedicación se ha instalado como una práctica frecuente en la población, impulsada por la búsqueda de soluciones rápidas ante síntomas comunes como fiebre, dolor de cabeza, resfrío o malestares musculares. Sin embargo, profesionales de la salud advierten que esta conducta puede derivar en consecuencias clínicas de alta complejidad cuando no existe una evaluación médica previa.
El médico de Midia de la Fundación Visión, especialista en medicina familiar, Fernando Ávila, explicó que en la consulta diaria es habitual encontrar pacientes que recurren a analgésicos, antigripales o antiinflamatorios sin prescripción. Señaló que si bien no cuenta con una estadística precisa sobre los fármacos más utilizados, estos medicamentos suelen ser los de mayor consumo y sin control.
Ávila advirtió que uno de los principales riesgos es el que suprime temporalmente síntomas de las patologías de base. “Muchas veces el paciente trata el síntoma, pero no la causa real, y eso retrasa el diagnóstico de enfermedades más serias”, explicó. A esto se suman los efectos adversos derivados de dosis inadecuadas, que pueden provocar desde reacciones alérgicas hasta cuadros de intoxicación.
Otro punto crítico señalado por el especialista es el uso indiscriminado de antibióticos, que si bien hoy está en el cuadro de los medicamentos controlados y con venta bajo receta, se sigue consumiendo, y esto contribuye al desarrollo de resistencia bacteriana, un problema de salud pública global que dificulta los tratamientos futuros.
Tratamientos con medicina natural
El profesional también advirtió sobre los riesgos en pacientes con enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión. En estos casos, la automedicación o el abandono de tratamientos puede generar complicaciones progresivas. “El daño muchas veces no es inmediato, pero se acumula con el tiempo y aparece cuando el organismo ya está comprometido”, indicó.
El fenómeno muestra diferencias marcadas entre zonas urbanas y rurales. En áreas del interior, la automedicación suele estar asociada a dificultades de acceso a servicios médicos y a la recurrencia de tratamientos informales o empíricos.
Ávila remarcó que la regulación de medicamentos existe, pero que su cumplimiento requiere de mayor control y, por sobre todo, educación sanitaria. En ese sentido, insistió en la importancia de la consulta médica antes de consumir cualquier fármaco, incluso aquellos de venta libre.
Remedios caseros y su uso complementario
El uso de remedios caseros como el pohã ñana forma parte de prácticas culturales extendidas en Paraguay, especialmente en casos de malestares leves o cuadros respiratorios iniciales. Según el médico, estos recursos naturales pueden aportar efectos paliativos y acompañar el bienestar general, pero no deben sustituir tratamientos farmacológicos indicados por profesionales de la salud.
El especialista explicó que muchas de las sustancias utilizadas en la medicina tradicional tienen origen vegetal y, en algunos casos, sirven como base para principios activos utilizados en fármacos modernos. Sin embargo, advirtió que su uso sin control o como reemplazo de medicamentos prescritos puede generar una falsa sensación de mejoría y retrasar la atención médica adecuada.
Ávila señaló que el problema no está en el uso del remedio natural en sí, sino en su utilización como única estrategia terapéutica en enfermedades que requieren diagnóstico clínico. En ese sentido, insistió en que la combinación responsable entre medicina tradicional y tratamiento médico puede ser válida siempre que exista orientación profesional.
El especialista remarcó además que tanto los fármacos industriales como los remedios caseros deben ser consumidos dentro de sus límites. Mientras los primeros cuentan con evidencia científica y dosis controladas, los segundos varían en preparación, concentración y efecto, lo que impide una estandarización de resultados.








