En el Paraguay de finales de la década del 60, el paisaje de las calles escondía una realidad dolorosa y silenciosa: cientos de niños deambulaban con las secuelas de la poliomielitis. En una era donde la enfermedad acechaba como una peste indomable, la respuesta social era el vacío. Fue entonces cuando la sensibilidad del profesor doctor Carlos A. Mersán se transformó en una acción histórica. El 5 de diciembre de 1969, motivado por su inquebrantable deseo de ayudar al más necesitado, convocó a un grupo de amigos para fundar lo que hoy conocemos como la Fundación Solidaridad. Su objetivo era claro: procurar el mejoramiento físico, intelectual y moral de la infancia desprotegida, siempre bajo una concepción dignificadora de la vida.
Aquel grupo de personas voluntarias y decididas a no mirar hacia otro lado sentó las bases de un legado que hoy, en pleno 2026, alcanza su madurez. La posta ha pasado a manos de una nueva generación que honra esas raíces: María Mersán, nieta del fundador, ocupa una silla en el consejo de administración y habla con la convicción heredada de su abuelo, pero con la mirada puesta en los desafíos contemporáneos del Paraguay. “La solidaridad no es un acto aislado, es una forma de estar en el mundo; es el camino a través del cual dignificamos la vida de miles de familias”, afirma con la seguridad de quien ha visto a la institución atender a más de 25.000 personas a lo largo de su historia.
Durante décadas, la Fundación priorizó el paradigma médico asistencial a través de programas emblemáticos como el Cerenif (rehabilitación física), Andar, Pendif (educación), Sildif (inserción laboral) y diversas ayudas sociales. Estas iniciativas permitieron abordar las necesidades de cada beneficiario de manera integral, devolviendo autonomía a quienes el sistema solía marginar. Sin embargo, la evolución ha sido constante. Tras la pandemia y ante los cambios estructurales del país, la organización entendió que la discapacidad no se resuelve únicamente en un centro, sino transformando el entorno.
Hoy, la Fundación Solidaridad se ha consolidado como un referente en la gestión de proyectos que promueven la prevención de la discapacidad física y la participación social efectiva. Han dado un giro estratégico hacia el territorio con las “Misiones de Solidaridad”, llevando ayudas técnicas —como sillas de ruedas, prótesis y órtesis— directamente a las comunidades más alejadas, y fortaleciendo el programa “Pie Bot Paraguay”, que ofrece tratamiento gratuito en 11 hospitales regionales.
Este impacto no sería posible sin una visión de sostenibilidad innovadora. Desde el 2022, la organización ha capitalizado su sede en Asunción a través del Espacio Mburucuyá. Este proyecto no solo optimiza los recursos de la institución, sino que crea un punto de encuentro donde la comunidad puede participar en experiencias y servicios que generan los fondos necesarios para sostener los programas sociales. Es la evolución de la caridad hacia la gestión profesional y consciente.
El espíritu de superación se refleja en historias como la de Mauricio, un joven con malformación congénita que, tras años de acompañamiento por parte de la fundación, hoy representa con orgullo a Paraguay en natación paralímpica. Su éxito es el de su familia y el de los voluntarios que hace 56 años soñaron con un país diferente. Hacia el futuro, la Fundación pone el foco en un área urgente: las madres cuidadoras. Se busca visibilizar su rol y generar oportunidades de activación económica, contribuyendo a una “economía del cuidado” que dignifique a quienes sostienen la vida de las personas con discapacidad.
El mayor obstáculo en Paraguay sigue siendo estructural y cultural, pero la Fundación Solidaridad demuestra que, con la determinación de aquel grupo de voluntarios originales y la innovación del presente, es posible derribar barreras. Para quienes deseen sumarse a este legado de amor y transformación, la puerta siempre está abierta; porque, como bien enseñó el profesor doctor Carlos Mersán, siempre hay lugar para quienes deciden dejar de mirar hacia otro lado y empezar a construir esperanza.


