Para Alfonso Burró el cambio climático no es un concepto lejano; es el desafío más urgente del presente. En las aulas de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), una certeza germinó en su mente: la industria tradicional es uno de los mayores contribuyentes a la crisis ambiental. En lugar de ver a la química como el enemigo, descubrió en ella la llave de la solución. Así nació su fascinación por la química verde, una disciplina que no busca curar los daños ya causados, sino evitar que ocurran. Su enfoque es optimizar los procesos existentes, transformándolos en sistemas limpios, eficientes y respetuosos con el ecosistema.
De las fábricas locales a las aulas de York
Antes de cruzar el Atlántico, Alfonso recorrió las industrias de combustibles y farmacéuticas en Paraguay. Observó que las normativas trataban el aspecto ambiental de forma marginal, desconectado de la producción. Lejos de desanimarse, esta experiencia encendió su convicción sobre el potencial de la industria paraguaya para armonizar desarrollo y ecología, impulsándolo a postular a la beca Chevening. Hoy, en la Universidad de York, absorbe el impacto de agendas climáticas avanzadas como el “Net Zero”, imaginando cómo adaptar estas visiones globales a las necesidades legítimas y urgentes de su patria.
La persistencia como el verdadero motor
Llevar la bandera paraguaya a un centro de investigación mundial esconde una historia de sacrificios. Como embajador de redes sociales de Chevening, comparte abiertamente que su camino no fue lineal. Hubo rechazos, dudas y la beca no llegó en su primer intento. Su mensaje para los jóvenes del país es contundente: el éxito internacional no depende de una trayectoria perfecta, sino de la consistencia. Alfonso asegura que lo difícil se vuelve posible cuando se persiste. Su travesía demuestra que las barreras geográficas se pueden derribar si se mantiene la fe en un propósito grande.
Desmitificar la ecología y valorar recursos
Un desafío histórico del empresariado paraguayo es el mito de que la sostenibilidad es un lujo costoso o un requisito burocrático. El objetivo de Alfonso es cambiar esa perspectiva, pues la ecología debe entenderse como una inmensa oportunidad de valor agregado y rentabilidad genuina. Para ilustrarlo, explica el mercado de créditos de carbono, que Paraguay formaliza mediante la Ley 7.190 y el Mades. Si una organización internacional contamina, debe compensar a quienes purifican el aire. Los bosques paraguayos son un activo financiero, transformando la conservación natural en una factura que el mundo paga por limpiar el planeta.
El retorno y la construcción del futuro
Al proyectar el Paraguay del mañana, Alfonso sueña con políticas verdes que sean compromisos con resultados tangibles. Sin embargo, advierte sobre un desafío institucional crítico: la efectiva reinserción del talento humano capacitado. El verdadero cambio requiere que el país no solo financie a sus profesionales en el exterior, sino que les abra las puertas para aplicar ese conocimiento. Aboga por una transformación donde la meritocracia sea la norma. Su filosofía, inspirada en la química verde, es clara: el mejor residuo es el que nunca se genera. Diseñar el futuro para prevenir los problemas es el legado que busca construir.
La palabra del día
“Consistencia”
Definición: Cualidad de lo que es estable, sólido y se mantiene firme en el tiempo sin alterar su rumbo.
El camino de Alfonso hacia la Universidad de York demuestra que el éxito no exige una trayectoria perfecta, sino la firmeza de no rendirse ante los rechazos. Esta misma consistencia es la que Paraguay necesita para que las políticas ambientales dejen de ser requisitos marginales y se transformen en verdaderos compromisos con resultados tangibles para la industria.










