La Tribuna que cambia el juego

Emilio Méndez: el paraguayo que avanza en la vanguardia de la neuroinmunología

Con el sello de la educación pública y la cultura del esfuerzo, Emilio Méndez Scolari se abre paso en la neuroinmunología en Texas. Tras una destacada formación en Ciencias Químicas de la UNA, este becario paraguayo investiga hoy enfermedades neurodegenerativas y biología evolutiva impulsado por una meta clara: abrir el camino de las neurociencias en su tierra guaraní.

| Por La Tribuna
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-Entre microscopios y rigurosas jornadas de trabajo, Emilio no olvida su meta: consolidarse como investigador para impulsar el campo de las neurociencias en Paraguay.

Para Emilio, el éxito no se mide en kilómetros recorridos, sino en las barreras superadas. Dejó su Pirayú natal cargando un título de bioquímico de la UNA y una herencia innegociable de sus padres: la cultura del trabajo honesto. Hoy, ese mismo joven que muchas veces se quedó sin transporte para ir a estudiar, trabaja en investigaciones de vanguardia en neuroinmunología en los Estados Unidos, demostrando que el origen no es un límite, sino una plataforma.

Emilio creció en un hogar donde el esfuerzo diario era la norma. Su formación, que se inició en las aulas de una escuela pública en su pueblo y continuó en el Colegio Salesiano Don Bosco de Ypacaraí, estuvo marcada por una vocación de servicio que iba más allá de los libros. Antes de partir al extranjero, Emilio no solo era un estudiante brillante; era el joven que, al ver que la escuela de música local no podía costear un profesor, asumió durante dos años el rol de instructor de guitarra de forma voluntaria. “No quería que los niños se quedaran sin instructor”, recuerda, evidenciando una sensibilidad que hoy traslada a su rigor científico.

Su camino académico en la Facultad de Ciencias Químicas de la UNA fue el cimiento de su carrera. Sus primeros pasos en la investigación los dio en el Departamento de Biotecnología bajo la mentoría del profesor Pablo Sotelo, donde se inició en las técnicas de biología molecular para su tesis de grado. Decidido a profundizar sus conocimientos, realizó allí mismo su maestría en Ciencias Químico-Biológicas, trabajando en un proyecto de alto impacto: el diseño de una vacuna recombinante antiaftosa. Fue en esos laboratorios donde perfeccionó sus habilidades en ingeniería genética, antes de dar el gran salto hacia su verdadero objetivo: las neurociencias.

En agosto del 2024, tras obtener la beca Fulbright-Becal y realizar un preacadémico en Filadelfia —donde convivió con compañeros de 27 países—, aterrizó en Houston. Tras demostrar su capacidad en tres rotaciones distintas, fue aceptado en el laboratorio de la doctora Harini Iyer. Hoy, como estudiante de doctorado en Bioquimica y Biologia Celular, lidera tres proyectos fascinantes: estudia genes ligados a enfermedades neurodegenerativas, desarrolla métodos para medir la memoria y analiza la biología evolutiva del Astyanax mexicanus, un pez ciego de cuevas que se ha vuelto su modelo de estudio favorito.

Pero la excelencia tiene un costo emocional. En los escasos tiempos libres, la nostalgia por Paraguay se hace sentir. Su aliado incondicional en las madrugadas de biblioteca es el tereré; compra la yerba por plataformas online y el ritual se vuelve su “gran relajante” ante la tensión de los exámenes de candidatura al doctorado que enfrentará en abril.

Con la mirada puesta en el futuro, el objetivo de Emilio es claro: volver para sembrar. Sabe que la neurociencia en Paraguay es aún incipiente, pero se siente inspirado por sus mentores, los profesores Pablo Sotelo y Patricia Langjahr. “Un sueño dorado sería consolidarme como investigador en Paraguay”, afirma. Para él, ser del interior no es una limitación, sino un sello de orgullo. Su mensaje para otros jóvenes es potente: “Sean determinantes. Cualquier desafío se supera con esfuerzo extra si uno está convencido de lo que busca”.

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