Más allá del resultado del juego, fue eficaz para colocar en agenda la esencia de una nacionalidad. Eso es válido para sostener en la memoria la propia identidad y sobre ella proyectar el devenir de la República. Ni el mejor esfuerzo de la educación pública como política de Estado consiguió ese apego a las raíces.
El Mundial recién empieza, por lo que la posibilidad de la clasificación se mantiene. Lo que sí ya queda como resultado positivo es el recupero de esa cercanía con lo que es uno como país. Hablamos de encuentros organizados donde en la música también estaba presente la polca y en medio de las campañas publicitarias se hacía mención a la fisonomía anclada, siempre, en el esfuerzo y sacrificio.
La selección de fútbol tiene en su haber el valor de unir estratos sociales y por lograr momentos en que sostuvo bajo la bandera tricolor hasta a grupos divididos por religiones e ideologías. Es una magia que debe observarse también en tales aspectos. Claro, sí existe el análisis integral sobre sus efectos.
La vida continúa y Paraguay está destinado a vivir su presente. En eso no caben las dudas. Sin embargo, en el desarrollo hacia el futuro no puede desconocer, de ninguna manera, su pasado de resiliencia y superación. Es que para eso será necesaria, más que nunca, ese natural sentido de pertenencia.
La patria precisa que sus hijos la conozcan. Es la forma para dimensionar a la heroica nación. La autoestima debe explotar segura y convencida hasta, por qué no, para afirmar el debate sobre eso que “los guaraníes inventaron el fútbol”. Existen indicios de eso, que merecen exploración sobre aquel tiempo precolombino.
Aunque se le brinda poca atención, la capacidad del fútbol de generar piel y patriotismo es posible que tenga su razón en ese vínculo que gira en torno al manga ñembosarái de los guaraníes. Ese juego ancestral con el pie, más de un historiador, considera el antecedente más antiguo del fútbol moderno.
Es posible que aparezcan otras voces diciendo lo contrario; sin embargo, hay registros que los antepasados ya practicaban este bello deporte en las misiones jesuíticas de la actual Paraguay desde al menos 1639. Es decir, dos siglos antes de que la Inglaterra de Europa redactara las primeras reglas del fútbol en 1846.
Como sea que fuere, lo cierto es que en estos días, y eso debe ser perenne en el tiempo, la memoria viva de la paraguayidad estuvo firme, y ella debe mantenerse sólida. Esa transmisión generacional no debe cortarse. La selección de fútbol fue, y es, un motor para la sinergia con los orígenes que mueven al orgullo y a una autoestima que están por encima de los resultados deportivos.
EL SEMÁFORO DE LA TRIBUNA
Verde: NIÑOS CHAQUEÑOS LIDERAN CONSERVACIÓN DEL YAGUARETÉ
Proyecto con niños, productores y organizaciones que demuestra que conservación y producción pueden convivir. El enfoque es potente porque muestra educación ambiental aplicada, tecnología simple y cambio cultural en el Chaco.
Amarillo: PARAGUAY CAE 4-1 Y QUEDA OBLIGADO ANTE TURQUÍA
El debut mundialista fue un golpe fuerte: derrota amplia, errores defensivos y obligación de reacción. Todavía hay competencia, pero sí exige análisis serio, no solo catarsis.
Rojo: TRABAJO INFANTIL: MÁS DE 44.000 NIÑOS Y ADOLESCENTES
Según datos del INE sobre niños de 10 a 17 años que trabajan en Paraguay, hay vulneración de la infancia, educación y desarrollo humano, especialmente en zonas rurales.










