Editorial

La Constitución de 1992 y la vida en democracia

El Paraguay del nuevo tiempo comienza con la Constitución de 1992. Es la Carta Magna la que representa el hito fundacional de la era democrática. Es la autoridad más relevante e importante del país y sobre la que se rigen los tres poderes del Estado y el día a día de la ciudadanía.

| Por La Tribuna
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Fue promulgada el 20 de junio de 1992. Es el marco de convivencia que significó el camino sin retorno al espacio de libertad. Es el contrato social en que se basa el Estado social de derecho, el pluralismo político y el reconocimiento de la dignidad humana.

La fecha central de celebración es el próximo sábado 20 de junio. Sin embargo, el Poder Ejecutivo, como forma de valorar y dar la posibilidad de un fin de semana largo, dispuso, mediante el Decreto N.° 6.215, el traslado de ese feriado al lunes 22 de junio.

Quienes aman la democracia, los que trabajan por su consolidación y todos los que anhelan vivir en un ambiente de derechos y obligaciones deben sumarse a rendir homenaje a la promulgación de la actual Constitución Nacional de la República del Paraguay; es la primera constitución verdaderamente democrática.

Su redacción, artículo por artículo, fue oficializada por una Convención Nacional Constituyente conformada por representantes electos de manera libre por todos los sectores políticos y sociales. Así como suena, pues su consenso fue entre militantes partidarios y ciudadanos designados por sus pares.

La Constitución actual garantiza libertades fundamentales. Es el espacio que consagra derechos civiles, políticos y sociales. Contiene herramientas claves de protección, como el hábeas corpus, el hábeas data y la acción de inconstitucionalidad para frenar los abusos del poder.

En ella se fija la separación y equilibrio de poderes, que deben trabajar en recíproco control. Puso fin a la supremacía absoluta del Ejecutivo, estableciendo un sistema de pesos y contrapesos entre este, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. Aunque hoy estos tienen cuestionamientos, creó órganos como el Consejo de la Magistratura y el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.

Algo trascendente y que ratifica la paraguayidad es el reconocimiento cultural y lingüístico. Declaró al Paraguay como un país pluricultural y bilingüe, elevando al idioma guaraní (junto con el castellano) a la categoría de idioma oficial. Es decir, la esencia nacional tiene su justo peso constitucional.

En medio de la atención que genera el retorno de la Selección paraguaya de fútbol al Mundial, que produce un entusiasmo nacional, multipliquemos la pasión con la valoración por lo que es la Constitución sobre la que se proyecta el Paraguay del siglo XXI. Hoy, gracias a la Carta Magna, tenemos una democracia participativa cuya mayor eficiencia es una tarea que compete a cada habitante de la República.

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