Editorial

Los cerebros del narcotráfico y las barras bravas delictivas

No es la primera. Ni será la última. No son hinchas deportivos. Son grupos radicales que se esconden como seguidores de equipos de fútbol, apoyados por dirigentes para estar con cánticos y banderas en los estadios. Casi siempre están envueltos en violencia, intimidación y vandalismo dentro y fuera de las canchas.

| Por La Tribuna

Ocupan preferentemente las tribunas populares. Se manejan como estructura jerárquica y más de uno de sus líderes está vinculado a actividad ilícita que llega hasta el narcotráfico. Estos reclutan a los militantes que son jóvenes que, en el menor de los casos, no saben qué hacer como ocio. Más de la docena llegan a la cancha con olor por el consumo del alcohol y la droga.

Quienes están leyendo este editorial se podrán preguntar si es cierta la descripción, ¿cómo es que tienen apoyo e incluso demasiada permisividad? ¡Es una respuesta que se merece saber! Lo sucedido en el llamado superclásico entre Olimpia y Cerro Porteño no deja resquicio para la contemplación y la suavidad con las barras bravas y sus protectores.

La Policía Nacional tiene que alzar su vara de exigencia, tanto para que no se le filtre (o permita que se filtre) los que tienen antecedentes y se metan artefactos prohibidos en los encuentros deportivos. Principalmente, debe exigirse con su cuerpo de efectivos, e igualmente poner el foco sobre quienes financian a las barras bravas.

Algunos personajes están maquillados, tapados con banderas gigantes y marcan la pauta de una presunta efervescencia con cánticos y gritos, varios con contenidos de pura agresión y provocación. Al terminar los partidos, o ya antes, incluso durante el mismo juego, sus miembros presionan pidiendo dinero o algún aporte “para la barra”.

Los principales clubes saben y tienen contactos con sus referentes (los capos), que obtienen hasta consideración en el trato y beneficio como entradas gratuitas o viajes a partidos en el extranjero. Quien quiera negar la realidad o al menos tal posibilidad, se miente a sí mismo o es consumado hipócrita. Es igualmente, le guste o no, quiera entender o no, cómplice de la violencia.

Los que tienen relación con este modo de organización –de estilo al margen de la ley– no son amantes del fútbol, pues sus métodos y sus operadores son inadaptados que responden a clanes envueltos en tareas delictivas donde gana preponderancia el narcótico, con foco en el microtráfico que opera en los barrios, de donde captan a sus miembros para la violencia y la distribución de sus mercaderías.

Las imágenes que quedaron tras el clásico solo dejan dolor, ¡mucho dolor! Los vándalos que arruinaron la fiesta ciudadana son dirigidos por rufianes que ni siquiera están en primera línea; no muestran la cara. Ellos deben ser identificados y si no hay coraje para llevarlos a prisión, que al menos, de por vida, tengan la prohibición de ingresar a los estadios deportivos.

El fútbol es para la familia, más bien, lo es el deporte en general. Dicha actividad humana y natural no constituye un espacio para las asociaciones ilícitas disfrazadas de hinchadas donde se camuflan individuos con antecedentes que representan un peligro para la integridad de quienes aman y profesan aquello de mente sana, cuerpo sano.

Verde:

Paraguay Investor Pass

La medida instala a Paraguay como destino activo para captar capital internacional, ofreciendo residencia permanente a partir de inversiones desde USD 150.000. Puede dinamizar turismo, mercado inmobiliario y bursátil, además de reforzar una narrativa país de apertura, agilidad y atracción de negocios.

Amarillo:

Infecciones respiratorias suben 17%

El aumento de cuadros respiratorios y la preocupación por hospitalizaciones obligan a mirar de cerca la capacidad de respuesta sanitaria. Es una alerta de servicio público, especialmente relevante para niños, adultos mayores y familias que ya sienten presión sobre gastos médicos.

Rojo:

Congelamiento de informes y blindaje a instituciones

La denuncia de que decenas de pedidos de informes quedan en el freezer proyecta una imagen de opacidad deliberada. Si el Congreso bloquea controles a la señal que recibe la ciudadanía, es que el poder se protege más a sí mismo que al interés público.

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