Salud

El desafío de moverse más para frenar avance del sedentarismo

El sedentarismo afecta al 80% de los adolescentes y genera una presión económica crítica sobre los sistemas de salud. Expertos recomiendan al menos una hora diaria de movimiento para garantizar un desarrollo físico y cognitivo saludable. La falta de actividad física proyecta costos millonarios en el sector sanitario para la próxima década a nivel global.

| Por La Tribuna
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En niños y adolescentes, el movimiento es fundamental para fortalecer huesos y músculos.

La Organización Mundial de la Salud insiste en un mensaje claro: moverse más es clave para vivir mejor. En la misma línea, el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social de Paraguay refuerza esta recomendación a través de sus campañas, destacando que la actividad física es “el hábito que lo cambia todo” y recordando que una hora diaria de ejercicio puede marcar la diferencia. Sin embargo, a nivel global —y también en la región— una gran parte de la población no alcanza los niveles mínimos recomendados, lo que representa un desafío creciente para la salud pública.

Según datos recientes, el 31% de los adultos y cerca del 80% de los adolescentes no cumplen con las recomendaciones básicas de actividad física. Esta situación no solo impacta en la calidad de vida de las personas, sino que también genera una fuerte presión sobre los sistemas de salud, con costos que podrían alcanzar cifras millonarias en la próxima década si no se revierte la tendencia.

Las directrices internacionales establecen parámetros claros según la edad. En niños y adolescentes de entre 5 y 17 años se recomienda al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a intensa. Para los adultos, la meta es alcanzar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada, o bien entre 75 y 150 minutos de ejercicio vigoroso.

Además, se aconseja incorporar ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana, y en el caso de las personas mayores, priorizar actividades que mejoren el equilibrio y prevengan caídas.

Beneficios que van más allá del cuerpo

Lejos de limitarse al aspecto físico, la actividad física tiene un impacto integral en la salud. En adultos, contribuye a prevenir enfermedades no transmisibles como problemas cardiovasculares, diabetes y ciertos tipos de cáncer. También ayuda a reducir síntomas de ansiedad y depresión, mejorando el bienestar general.

En niños y adolescentes, el movimiento es fundamental para el desarrollo, ya que fortalece huesos y músculos, el crecimiento saludable y potencia habilidades cognitivas y motoras.

Incluso durante el embarazo, mantenerse activa —con supervisión médica— puede reducir riesgos como la hipertensión gestacional o la depresión posparto.

El avance de la tecnología, el transporte motorizado y los cambios en los hábitos cotidianos han incrementado el tiempo que las personas pasan sentadas o inactivas. Este estilo de vida sedentario está directamente relacionado con un mayor riesgo de enfermedades crónicas y mortalidad.

En los más jóvenes, el exceso de tiempo frente a pantallas se asocia con aumento de la grasa corporal, problemas en la salud metabólica y alteraciones del sueño. En adultos, el sedentarismo eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer y diabetes tipo 2.

Un desafío colectivo

Expertos coinciden en que revertir esta situación requiere algo más que decisiones individuales. Es necesario generar entornos que faciliten la actividad física, como espacios públicos seguros, políticas que promuevan el uso de la bicicleta o la caminata, y programas en escuelas y lugares de trabajo.

También es clave reducir las desigualdades en el acceso a oportunidades para mantenerse activo, considerando factores sociales, culturales y económicos.

Aunque las cifras puedan parecer preocupantes, el mensaje central es alentador: no hace falta ser atleta para obtener beneficios. Incluso pequeñas cantidades de actividad física son mejores que ninguna.

Caminar, bailar, andar en bicicleta o realizar tareas domésticas activas son formas válidas de incorporar movimiento a la rutina diaria. Lo importante es empezar y sostener el hábito en el tiempo.

Adoptar hábitos activos es una de las formas más simples y efectivas de cuidar la salud a largo plazo. Más allá de las recomendaciones, integrar el movimiento en la rutina diaria puede marcar una diferencia concreta en cómo nos sentimos y vivimos. Dar ese primer paso —aunque sea pequeño— puede ser el inicio de un cambio significativo.

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