La psicóloga Dra. Yamili Awada afirmó que la voluntad de no procrear constituye una decisión personal y no debe catalogarse como un trastorno o patología mental. La especialista rebatió propuestas internacionales que sugieren intervenciones psicológicas para mujeres que optan por la no maternidad, argumentando que el contexto social actual ofrece opciones de realización profesional y autonomía que antes eran inexistentes. Este debate sobre salud mental y demografía se desarrolló en el programa La Pelu, a través de La Tribu 650 AM.
Durante el análisis, se destacó una cifra alarmante para la demografía nacional: Paraguay registró 18.000 nacimientos menos en el último periodo comparativo. Esta caída de la natalidad responde a múltiples factores, entre los que sobresale el elevado costo económico de la crianza y la falta de políticas de Estado que protejan la inversión social que representa la maternidad. La experta señaló que, a pesar de los avances en derechos, la mujer sigue enfrentando un sacrificio desproporcionado en su carrera al intentar equilibrar el rol materno con la competitividad laboral.
Factores socioeconómicos y la brecha de compromiso
El factor económico se posiciona como la principal barrera para los jóvenes que deciden no ser padres. Awada explicó que el temor a no brindar una calidad de vida adecuada genera una inhibición consciente hacia la procreación. A esto se suma una percepción generacional sobre la falta de compromiso y la inestabilidad de los vínculos afectivos. Por consiguiente, el fenómeno no es exclusivo de las mujeres, sino que refleja una tendencia global donde los hombres también evitan la responsabilidad parental debido a patrones culturales de inmadurez o egoísmo.
El mito del instinto maternal y la carga del hogar
La doctora cuestionó la existencia de un instinto maternal universal, describiéndolo más como una construcción de responsabilidad social y cultural que como un impulso biológico infalible. En la práctica clínica, se observa que la carga del cuidado recae mayoritariamente en la mujer, lo que genera un estrés crónico que desalienta nuevos embarazos. Mientras el hombre suele mantener su ritmo de crecimiento profesional, la mujer debe gestionar una logística doméstica compleja que a menudo implica la renuncia a títulos o ascensos estratégicos.
Idealización y frustraciones del modelo tradicional
La especialista advirtió sobre los riesgos de la idealización del matrimonio y la familia, citando el arquetipo de la “Susanita” como una fuente frecuente de frustración. Muchas mujeres postergan su desarrollo individual bajo promesas de seguridad económica que no siempre se cumplen, quedando en situaciones de vulnerabilidad ante separaciones o crisis familiares. La autonomía económica se presenta entonces como una herramienta de protección mental, permitiendo que la maternidad sea una elección libre y no una imposición para obtener estatus o validación social.
Finalmente, la Dra. Awada instó a fomentar una cultura de paternidad responsable donde el varón asuma un rol activo y equitativo en la crianza. La solución a la crisis de natalidad no radica en presiones psicológicas, sino en la creación de políticas públicas que reconozcan el valor económico de cuidar. Solo mediante un sistema que garantice educación de calidad y apoyo a la conciliación laboral, las nuevas generaciones podrán ver la llegada de un hijo como una bendición vital y no como un obstáculo para su futuro personal.


