La migraña es un tipo de dolor de cabeza intenso que puede presentarse con síntomas como sensibilidad a la luz, náuseas y malestar general. Se trata de una condición neurológica que afecta a muchas personas y que puede estar vinculada a distintos factores, entre ellos el estrés, los cambios hormonales y la alimentación.
El consumo de ciertos alimentos puede actuar como desencadenante, según explicó el médico. Es importante prestar atención a lo que se ingiere, ya que algunos productos pueden favorecer la aparición de crisis. Sin embargo, aclaró que no siempre es necesario eliminar completamente estos alimentos, sino identificar cuáles generan molestias y ajustar su consumo de forma progresiva.
Entre los productos más señalados se encuentran los ultraprocesados, que contienen conservantes y aditivos que pueden alterar el metabolismo y afectar la salud cerebral. Núñez también mencionó bebidas energizantes y productos con cafeína, que en exceso pueden provocar cefaleas persistentes. En el caso de los cítricos, indicó que aún están en estudio, pero algunas personas reportan sensibilidad a este tipo de alimentos y luego episodios de migraña extrema.
El chocolate es otro de los alimentos comúnmente asociados a la migraña, su composición, que incluye cafeína y otros compuestos, puede actuar como desencadenante en personas sensibles. Lo mismo ocurre con el azúcar, cuyo consumo elevado puede generar desequilibrios que afectan al organismo. En cuanto a los lácteos, algunas personas presentan intolerancia o sensibilidad, lo que también podría influir en la aparición del dolor.
Las personas más propensas a sufrir migraña suelen ser aquellas con antecedentes familiares, sensibilidad a cambios hormonales o hábitos alimentarios irregulares. Por ello, el doctor recomendó observar los síntomas, relacionarlos con la dieta y buscar orientación profesional para un diagnóstico adecuado. Finalmente, destacó que llevar una alimentación equilibrada, basada en alimentos naturales como proteínas, verduras y grasas saludables, puede ayudar a reducir la frecuencia de las crisis. La clave está en mantener porciones adecuadas y evitar excesos, especialmente de productos ultraprocesados.










