Según el estudio, la presencia de un perro hace que una persona se mantenga atenta y concentrada durante unos 45 minutos. Después de ese tiempo, el organismo vuelve de forma natural a un estado más relajado. Este equilibrio entre estar activo y luego calmarse es clave para manejar el estrés sin que se vuelva excesivo.
Los especialistas señalan que los perros no solo brindan compañía, sino que también cumplen un papel importante en la regulación del estrés, incluso más de lo que se creía. Por eso, podrían ser una herramienta simple, cercana y accesible para mejorar el bienestar en la vida cotidiana, sobre todo en contextos de mucha exigencia.
A nivel físico, cuando una persona atraviesa situaciones estresantes, el cuerpo activa distintos sistemas conocidos como “ejes” o “vías”, que generan cambios en el organismo para poder responder. La interacción con un perro ayudaría a que estos sistemas se activen de manera equilibrada y luego vuelvan a la normalidad, evitando que el estrés se acumule o se vuelva perjudicial con el tiempo.


