La onicofagia, conocida popularmente como el hábito de comerse las uñas, es una conducta repetitiva que afecta tanto a niños como a adultos, que suele intensificarse en contextos de estrés, ansiedad o tensión emocional. Aunque muchas veces las personas la minimizan, especialistas advierten que puede traer consecuencias físicas y psicológicas si se mantiene en el tiempo.
Este comportamiento suele manifestarse de forma automática, especialmente durante momentos de concentración, nerviosismo, aburrimiento o inseguridad. En la mayoría de los casos, la persona no es consciente del acto, lo que hace difícil el control. Diversos estudios indican que la onicofagia está vinculada a estados de ansiedad, dificultades para gestionar emociones y mecanismos de descarga frente a situaciones de presión o estrés.
Las principales consecuencias son la lesión en la piel, infecciones en los dedos, debilitamiento y deformación de las uñas, además de posibles problemas dentales. También existe un mayor riesgo de introducir bacterias en el organismo, lo que puede derivar en trastornos gastrointestinales.
Para reducir este hábito, los especialistas recomiendan identificar los momentos en que aparece el impulso, mantener una rutina de cuidado personal de manos y uñas, utilizar esmaltes de sabor amargo y realizar actividades alternativas que ayuden a canalizar la ansiedad, como las técnicas de relajación, respiración consciente y también resultan útiles los ejercicios físicos.
En los casos donde la onicofagia persiste o genera malestar emocional, consultar con un profesional puede ser clave para abordar las causas profundas y buscar así estrategias efectivas de control, promoviendo así un mayor bienestar integral.


