En las vastas extensiones del Chaco paraguayo, donde el horizonte parece fundirse con el polvo y el monte, está naciendo una revolución silenciosa que no utiliza armas, sino pantallas. No se trata de una tecnología impuesta desde afuera, sino de una apropiación cultural sin precedentes: casi 60 jóvenes, mujeres y varones de diversas comunidades indígenas y criollas han dado vida a la Red de Creadores de Contenidos Digitales Propios del Gran Chaco. Lo que comenzó como un proyecto de conectividad se ha transformado en un manifiesto vivo de autonomía, identidad y resistencia climática.
La semilla de esta red fue plantada en el año 2023. En aquel entonces, bajo el sol incandescente del Chaco, se puso en marcha el proyecto “Tejiendo redes para la incidencia climática”. Esta iniciativa, implementada por el Grupo Sunu de Acción Intercultural con el financiamiento de Voces para la Acción Climática, no buscaba simplemente entregar dispositivos, sino sembrar capacidades. A través de intensas jornadas de capacitación en alfabetización digital, los jóvenes participantes descubrieron que el teléfono celular, a menudo visto solo como un objeto de consumo, podía ser una herramienta de liberación y visibilidad.
Sunu, actuando como un dinamizador de espacios de articulación y relacionamiento, comprendió desde el primer momento que su rol era el de facilitador. Así, la red no nació como una estructura jerárquica, sino como un espacio horizontal donde el saber ancestral de los ancianos y la destreza tecnológica de los jóvenes se encontraron para fortalecer el tejido comunitario y sensibilizar a la sociedad sobre la segregación cultural.
Los integrantes de la red se definen a sí mismos con una claridad contundente: son “independientes y autónomos, con la capacidad de establecer una comunicación articulada”. Esta declaración no es menor en un contexto histórico donde las comunidades del Chaco han sido narradas por otros, a menudo bajo estigmas o desde una mirada de carencia. Hoy, son ellos quienes eligen qué contar, cómo contarlo y para qué. “Somos responsables de ayudar a nuestras comunidades a través del uso de las tecnologías de la información y la comunicación”, sostienen con orgullo. Para este grupo de comunicadores, el acceso a la conectividad es un derecho humano fundamental, pero su valor real reside en el propósito: solo tiene sentido si sirve para garantizar el futuro de los niños y jóvenes del territorio.
Para la red, el mayor desafío actual radica en la capacidad de generar proyectos propios que se traduzcan en oportunidades tangibles. Por un lado, buscan la incidencia real en las políticas públicas que les afectan directamente en su doble condición de jóvenes e indígenas. Por otro lado, persiguen la creación de oportunidades laborales genuinas dentro de sus territorios. El objetivo es que la profesionalización digital permita generar ingresos económicos sin que esto implique la dolorosa necesidad de migrar fuera de sus comunidades. Se trata de que tanto jóvenes como mujeres encuentren en la red un sustento digno que les permita quedarse a cuidar y desarrollar su tierra.
Con el celular en la mano y un compromiso inquebrantable, estos jóvenes recorren sus comunidades registrando la realidad tal cual es. El impacto se siente en múltiples dimensiones; hoy es posible acceder a información pública esencial, compartir fechas clave para la organización comunitaria y dinamizar la economía local. Un ejemplo inspirador es la comercialización de la artesanía de las señoras de la comunidad y otros productos locales. A través de internet, los jóvenes eliminan intermediarios y devuelven la autonomía económica a las familias, mejorando la calidad de vida desde la dignidad de hablar con voz propia.
Sin embargo, la misión de la red va mucho más allá de lo económico. En un contexto de crisis ambiental global, estos jóvenes se han convertido en los guardianes digitales de su bioregión. La información que intercambian sobre lo que sucede en sus territorios es crucial para el cuidado del Gran Chaco Americano. Han entendido que, en un mundo interconectado, el registro y la difusión de contenidos propios es una forma de revitalización territorial. Estas voces se manifiestan hoy en campañas comunicacionales estratégicas por la defensa de los bosques y las aguas, visibilizando desafíos y soluciones hacia una acción climática justa.
La historia de esta red es la prueba de que la tecnología, cuando es guiada por un propósito comunitario, puede ser el motor de una transformación profunda. En el Chaco paraguayo, los jóvenes ya no esperan a ser escuchados; están emitiendo su propia señal, tejiendo un futuro donde su cultura, sus bosques y sus voces sean el centro de su propio destino.


