El uruguayo Sebastián Marset, supuesto narcotraficante prófugo de la Justicia, supervisó todas la comercialización de clorhidrato de cocaína y su remisión al extranjero. Además, constituyó un esquema que introdujo en el sistema financiero las ganancias obtenidas de la actividad ilícita, según dictamen del Ministerio Público.
El 15 de mayo del 2018, Sebastián Enrique Marset Cabrera, de nacionalidad uruguaya, ingresó a Paraguay con el documento de identidad de su país, número 4558160-7 y posteriormente, con el mismo documento, el 27 de mayo del mismo año salió del territorio paraguayo.
Así comienza la descripción que el fiscal Deny Pak hace sobre Marset en su dictamen que presentó en ocasión de la detención de Mario Daniel Genes Benítez, el hombre de confianza de Miguel Ángel Insfrán, alias Tïo Rico, el martes 6 de enero del 2026.
Agrega el dictamen que durante dicho período de tiempo, el citado frecuentó nuestro país, con el objeto de analizar la conveniencia y la forma de instalarse en Paraguay, para realizar, desde el territorio nacional, la actividad ilícita del tráfico internacional de drogas, también introducir al sistema financiero nacional, los ingresos económicos ilícitos que el citado obtuvo en el pasado.
Sigue diciendo que esos ingresos ilícitos consisten en el producto de la mencionada actividad criminal realizada en su país, por la cual fue procesado en el año 2013, dentro de la investigación denominada operación Halcón, en la cual fueron incautadas 173 kilogramos de marihuana y 335 gramos de cocaína, y que tras cumplir su condena, habría recuperado su libertad en el año 2018.
Asimismo, Sebastián Marset fue vinculado, en Uruguay, en la investigación denominada Wayra, en la que se le sindicó como destinatario de la carga de 450 kilogramos de marihuana transportada por un piloto de nacionalidad paraguaya, quien el 29 de julio del 2012 fue detenido en el citado país (Uruguay), por el hecho de haber pilotado la aeronave con matrícula paraguaya ZP-TMF, con la cual trasladó la referida droga.
El dictamen fiscal sigue diciendo que luego de su visita a Paraguay, el 24 de agosto del 2019, Sebastián Marset ingresó nuevamente a nuestro país, pero, esta vez, con una identidad con alta probabilidad de ser falsa, consignada en un pasaporte boliviano, porque en lugar de su nombre y apellido real utilizó junto con su fotografía, el dato personal correspondiente a Gabriel de Souza Beumer, con número 4.683.442.
Con el mismo documento de identidad, el citado realizó otros tantos viajes, con el cual registró entrada y salida a nuestro país, siendo el último ingreso oficial el 18 de octubre del 2019, mediante el Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi.
A partir de dicho ingreso, Sebastián Marset se instaló definitivamente en la República del Paraguay, junto con su esposa, Gianina García Troche, con nacionalidad uruguaya, con documento de identidad número 54.728.482 (quien posteriormente obtuvo la cédula de identidad número 8.695.910), también con sus dos hijos menores de edad, pero no bajo la mencionada identidad boliviana (con alta probabilidad de ser falsa), sino con su verdadera identidad uruguaya.
A los efectos de su permanencia definitiva en Paraguay, previamente, Sebastián Marset se autoconstruyó la figura de ser un “empresario de artes y espectáculos”, dedicado a la supuesta organización de eventos y conciertos, y, a tal fin, utilizó medios de prensa informales del extranjero, tales como Colombia, Ecuador, Venezuela, etcétera, para difundir la
mencionada figura falsa, con la cual realizó una puesta escénica acerca de su aparente actividad lícita.
Su personalidad ficticia la escogió luego de sus constantes viajes anteriores a nuestro país en los cuales obtuvo la información acerca de la explotación de dicho rubro (de eventos, espectáculos y organizaciones de conciertos con músicos y artistas internacionales) en Paraguay, el cual lo consideró como el más ventajoso para invertir en nuestro país las ganancias económicas ilícitas que obtuvo en el pasado.
Luego de que Marset se radicara en nuestro país, él agrupó a varias organizaciones criminales nacionales e internacionales ya existentes, con el objeto de trabajar, entre todas ellas, de manera conjunta y coordinada, desde la introducción al territorio nacional de carga ilícita de clorhidrato de cocaína, y su posterior remisión al extranjero, generalmente a Europa y África, hasta la obtención y circulación de las ganancias ilícitas, ya sea dentro del sistema financiero y económico nacional, igualmente internacional.
Para ejecutar dicha actividad ilícita, Sebastián Marset concretó con organizaciones criminales de países productores, entre ellos Bolivia, la provisión de cargas de cocaína, las cuales eran trasladadas a nuestro país vía aérea por pilotos que cumplían funciones dentro del mencionado grupo ilícito del país extranjero.
Las aeronaves con matrícula boliviana utilizaban pistas no autorizadas por la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil (Dinac), ubicadas en la zona del Chaco paraguayo, y que eran controladas por otro conjunto ilícito, también asociado a Marset, el cual contaba con todos los elementos logísticos necesarios, tanto para el reabastecimiento y resguardo de las aeronaves como sistemas de iluminaciones que facilitaban los aterrizajes y despegues en horario nocturno.
Una vez que las aeronaves con matrícula boliviana aterrizaban en la zona del Chaco paraguayo se realizaba el trasbordo de la carga de cocaína a aeronaves con matrícula paraguaya, pilotadas por integrantes de la organización criminal instalada en el territorio nacional, igualmente asociada a Marset, quienes trasladaban la carga ilícita a otras pistas no autorizadas por la Dinac, ubicadas en zonas próximas a la capital del país, desde las cuales ocultaban la droga dentro de vehículos acondicionados con doble fondo para el efecto, para posteriormente —y finalmente— trasladarlos nuevamente a los depósitos ubicados en el departamento Central, para su correspondiente resguardo.
Tras el acopio de las cargas de cocaína, Sebastián Marset iniciaba los trámites para su remisión al extranjero, principalmente mediante la utilización de rutas fluviales y marítimas, para cuyo efecto, el citado tenía alistado a empresarios dedicados a actividades comerciales internacionales lícitas, quienes, junto con Marset, empleaban las logísticas de sus respectivas empresas para organizar el envío de la sustancia ilícita oculta dentro de mercaderías legales.
Esas mercaderías eran introducidas en contenedores que partían desde puertos ubicados en nuestro país, transitaban distintos puertos de Sudamérica, hasta llegar a sus correspondientes puertos ubicados, ya sea de Europa o bien de África, que eran, indistintamente, el destino final de la sustancia estupefaciente.
Como producto de la mencionada actividad ilícita, Marset obtenía ganancias económicas que ingresaban a sus haberes, generalmente mediante la utilización de casas de cambios, las cuales las introdujo al sistema financiero y económico nacional, mediante compras de bienes, tantos muebles como también inmuebles, o bien las capitalizaba mediante la constitución de empresas de distintos rubros comerciales, o depositaba el dinero en cuentas bancarias habilitadas a nombre de terceras personas físicas y jurídicas.










