Ahora que se postergó el tratamiento de la reforma de la Caja Fiscal en el Senado, se debe diferenciar el síntoma de la enfermedad. El primero es doloroso y está representado por el cobro de la jubilación con pocos años de aporte y a una edad joven. El segundo es notable porque a mediano plazo no habrá dinero para el pago de los haberes a causa del injusto sistema aplicado, que aumenta progresivamente los fondos necesarios para su cumplimiento, devorando hasta lo que no ingresa como recurso.
Esta sangría financiera tiene años y años, lleva décadas. El enorme agujero deficitario, que crece acumulado mes a mes, de las arcas públicas compromete a todos los gobiernos que pasaron. El inicio de la reforma pasaba por accionar, perseverar y resistir. Eso hizo el Gobierno. Sabiendo de las quejas que iba a poner la minoría privilegiada respaldada por esa conocida oposición que se opone por oponerse.
Distingamos entonces que la posibilidad de la mejora de la Caja Fiscal partió de una decisión consciente. Dicha determinación estuvo en el carácter de llevar adelante los cambios a pesar de esos reclamos sociales y la mezquina especulación política. Habrá quienes no lo reconozcan, pero la fortaleza ética de la reforma está en la capacidad de defender lo correcto, incluso desafiando las famosas represalias de los costos políticos.
Aunque en el caso de las jubilaciones hubo siempre señales, alertas, sobre los flagelos que diagnostican la muerte segura, ellos son la injusticia e inequidad multiplicadas por una minoría privilegiada que abusa de un dinero aportado por el 100% de la población. Más que atender los síntomas, la urgencia está hoy en lo patológico que pone en riesgo al mismo Tesoro Nacional.
Lo llamativo es que los síntomas son reconocidos por todos. Aunque se percibe contradicción en algunos actores por lo que declaran en respaldo y el palo, escondiendo la mano, que ponen a la reforma. Lo dramático es que, a medida que pasan los días, los signos de descomposición aceleran la presión arterial alta y la frecuencia cardíaca.
Es generoso decir "así como está hoy el modelo de jubilación"... cuando lo correcto es decir que, así como hace años está la Caja Fiscal, ella se encamina a un estado de putrefacción como sistema. Por eso, no sirve ninguna receta paliativa. Hay que hacer los cambios dirigidos a sostener una jubilación que no pasa por cobrar hoy y no cobrar mañana.
Ni siquiera corresponde eso de dar el antibiótico por siete días para aguantar el resfrío, y a los dos días, cuando se siente mejor, dejar las pastillas para luego decir —al séptimo día— que el antibiótico no sirvió para nada. La verdad es que no se completó el tratamiento, por lo que, haciendo un paralelismo con la Caja Fiscal, es una miopía pretender asegurar la jubilación, por ser jubilado, y no recibir luego lo estipulado como monto de ingreso mensual.
De nuevo hay altruismo en el Gobierno en acompañar la prórroga. Esperamos que los senadores asuman su deber con la historia. La propia definición de la reforma de la Caja Fiscal habrá de discriminar a los políticos entre quienes tienen responsabilidad institucional y compromiso con el país y quienes están con el populismo buscando solo el aplauso fácil. La Tribuna confía en la racionalidad.










