El olor a pintura fresca se mezcla con el polvo tibio del mediodía. En un pasillo angosto de Ricardo Brugada, el sonido de una brocha contra la pared interrumpe el murmullo cotidiano del barrio. Los colores de la Chacarita avanzan sobre el adobe y, de a poco, una imagen empieza a tomar forma.
El primer barrio de Asunción carga con estigmas que lo preceden. Pero allí donde el resto de la ciudad suele mirar con prejuicio, el arte nos da otra versión de los hechos. El proyecto “Colores de la Chacarita” propone algo más que murales; ofrece encuentros y una invitación directa a conocer antes de opinar.
Gonzalo Galeano, muralista del proyecto, trabaja intensamente tanto en la pintura como en la organización de los paquetes turísticos de recorrido para adentrarse al barrio. Licenciado en Radiología y estudiante de Criminología, encontró en el muralismo una forma de compromiso con su territorio. Aclara que el ideólogo de la iniciativa es su amigo Juan Cáceres, mientras que él forma parte activa del desarrollo artístico y logístico.
“Cada quien tiene una historia que contar”
“El estigma que le ponen a mi barrio sigue existiendo, pero el arte también sigue viviendo”, sostiene. Para él es fundamental que quienes visiten el lugar puedan escuchar las historias de primera mano y no se guíen por versiones. “Cada quien tiene una historia que contar y no siempre es como piensan”, dice.
El epicentro de la propuesta es el Centro Cultural José Asunción Flores, desde donde parten los recorridos por los pasillos intervenidos con murales. Allí se articula el trabajo cultural y comunitario que le da forma a la experiencia. Los precios de los paquetes son negociables en caso de grupos, con la intención de que tanto turistas como pobladores salgan favorecidos.
No se trata solamente de caminar y mirar paredes pintadas. Se trata de escuchar, de comprender que detrás de cada mural hay un recuerdo, una identidad.
La garantía de un buen recuerdo
Gonzalo Galeano, quien es poblador de la Chacarita desde que nació, asegura que quienes se animen a recorrer los pasillos tienen garantía de llevarse un buen recuerdo. Una vez que se accede al paquete, el guía lo esperará en la entrada del barrio y lo acompañará durante toda su visita.
Los vecinos se reconocen en las paredes, atravesando los momentos más duros de su historia y también los más felices. En tanto, los visitantes descubren una dimensión distinta del barrio. Y en medio de esa explosión cromática, La Chacarita se cuenta a sí misma, sin intermediarios.


