El padre Christian Rodríguez, rector del Santuario Joven de Schoenstatt, invitó a vivir la Cuaresma como un camino de fe madura en el que la Iglesia no excluye, sino que acompaña. Aconsejó manejar temas como el divorcio, la nulidad y la confesión con una mirada firme, pero sin juicio.
Con el Miércoles de Ceniza comenzó oficialmente la Cuaresma 2026, un tiempo que se extenderá hasta el 2 de abril y que prepara a los fieles para la Pascua. Son 40 días que, como recuerda la Iglesia católica, están marcados por la oración, el ayuno y la caridad. Más allá de las prácticas externas, el padre Christian Rodríguez, rector del Santuario Joven de Schoenstatt, propone adquirir una mirada más profunda y vivir este tiempo con una fe madura.
“La conversión no nace del miedo, sino del amor”, explicó el clérigo. Puntualizó que la ceniza que los fieles recibieron en la frente en el comienzo de la Cuaresma no es un signo de condena, sino un recordatorio de la fragilidad humana y, al mismo tiempo, de la esperanza. “Dios no condena, llama y no deja de llamar”, insiste el sacerdote. Para él, el mensaje central de estos 40 días es redescubrir que el primer interesado en que la persona se acerque es Dios mismo.
Pide a divorciados no alejarse, sino dialogar
Uno de los puntos que abordó el sacerdote fue la realidad de los divorciados dentro de la Iglesia. “Muchas personas que se separan sienten que han fracasado y, automáticamente, se alejan”, señaló. Sin embargo, no hay sacerdote que haya echado a un divorciado de una parroquia. El distanciamiento, dice, suele nacer de la vergüenza o de una visión reducida de la postura eclesial.
En cuanto a quienes se divorcian y forman una nueva pareja, explicó que la Iglesia establece límites respecto a la comunión sacramental. No obstante, subraya que cada caso debe analizarse en particular y que el camino es dialogar con el cura párroco sobre las opciones que se tienen.
“En muchos casos, con el paso del tiempo puede iniciarse un proceso de nulidad, especialmente considerando que hoy no siempre existe una preparación profunda para el sacramento del matrimonio”, explicó el padre.
No caer en juicios personales
Para el cura, la clave está en mantener firmeza en la doctrina sin caer en el juicio personal. Si bien reconoció que hay realidades complejas, como hijos pequeños que hacen que no todos puedan vivir plenamente lo que la Iglesia propone, insistió en que el alejamiento nunca es la solución.
La Cuaresma, entonces, aparece como una oportunidad para retomar el vínculo con Dios, incluso después de años de distancia. “Es tan profunda la vivencia con Dios que da lo mismo cuán alejado estés; tarde o temprano el alma te dice que viviste distinto”, reflexionó finalmente el cura.

