El duelo de una separación de pareja se define como el proceso emocional que atraviesa una persona cuando finaliza un vínculo significativo, donde no se trata únicamente de extrañar a alguien, sino de procesar la pérdida de una historia construida en conjunto, de rutinas compartidas, de proyectos a futuro y también de una parte de la propia identidad que estaba vinculada a esa relación. Por lo que el proceso implica un reordenamiento interno profundo, donde la persona debe aprender a convivir con la ausencia y reorganizar su vida emocional.
Según la profesional, la ruptura genera un impacto emocional intenso porque representa una pérdida real, aunque la otra persona siga existiendo y se pierde la cercanía cotidiana, la intimidad, el acompañamiento emocional y la idea de un proyecto de vida compartido. Esto puede desencadenar distintas emociones como tristeza, ansiedad, enojo, confusión o vacío, que aparecen en diferentes momentos del proceso.
Galeano explicó que existen etapas pero subrayó que no existe un único recorrido que sea válido, ya que cada individuo transita el proceso de manera distinta. Sin embargo, suelen identificarse momentos frecuentes como el impacto inicial o la incredulidad frente a la ruptura, seguido por etapas de tristeza, nostalgia, enojo o culpa. En algunos casos, también aparece la negación o la esperanza de una reconciliación. Con el paso del tiempo, si el proceso se desarrolla de forma saludable, se avanza hacia una etapa de mayor aceptación, comprensión de lo vivido y la posibilidad de reconstruir la propia vida emocional.
Un aspecto clave del duelo es la forma en que la persona lo transita, un proceso saludable no significa la ausencia de dolor, sino la capacidad de sentirlo y expresarlo sin quedar completamente atrapado en él. A medida que avanza el tiempo, se observa una recuperación progresiva de rutinas, un mayor contacto con vínculos de apoyo y la posibilidad de retomar espacios personales de bienestar. Este proceso no es lineal, sino que puede tener avances y retrocesos, pero siempre apunta a una reorganización interna.
El primer paso para iniciar este proceso suele ser la aceptación de la ruptura, aceptar que la relación terminó no significa estar de acuerdo o no sentir dolor, sino reconocer la realidad del hecho. Desde allí comienza un proceso de escucha interna, donde la persona empieza a identificar sus emociones, necesidades y límites.
La especialista en salud mental sostuvo que una separación, aunque dolorosa, puede transformarse en una oportunidad de desarrollo personal, ya que el duelo no solo implica despedirse de una persona, sino también atravesar un proceso de reencuentro consigo mismo. En ese camino, muchas personas logran descubrir recursos internos, fortalezas y nuevas formas de relacionarse consigo mismas y con su entorno.
Cinco claves para reconstruir tu vida
1-Aceptación a la pérdida: reconocer que la relación terminó es el punto de partida, dejar de negar la situación y comprender que no se puede sanar lo que no se acepta.
2-Permitirse sentir: habilitar las emociones como la tristeza, el enojo, la confusión o el vacío forman parte natural del proceso y no deben reprimirse ni acelerar artificialmente.
3-Resignificar: revisar la historia del vínculo, no para quedarse en el pasado, sino para entender qué se vivió, qué se aprendió y qué patrones se pueden identificar para el futuro.
4-Reconstruir: implica volver a conectar con la propia individualidad, retomar intereses, vínculos sociales y proyectos que permitan reconstruir el “yo” fuera de la relación.
5-Abrirse: se trata de avanzar hacia un nuevo ciclo, entendiendo que no es volver a ser la persona de antes, sino construir una versión más consciente, estable y fortalecida.


