Este 12 de noviembre, 106 años después de su fundación en 1919, la Cruz Roja Paraguaya vuelve a decir presente con una noticia que se siente en el corazón de miles de familias: el Hospital Materno Infantil Reina Sofía luce salas renovadas y equipamiento de última generación. La mejora no es cosmética, es una promesa cumplida. Gracias al Fondo CBF de la Federación Internacional (IFRC) se incorporaron dos ecógrafos de alta gama y se remozaron el primer y segundo piso; y con el apoyo del Ministerio de Salud (MSPyBS) se fortaleció la terapia neonatal con nuevos dispositivos e incubadoras, en el marco de un convenio vigente. “Estamos más que comprometidos con la acción humanitaria en Paraguay”, resume Yenny Benítez, presidenta de la Cruz Roja Paraguaya, con la emoción de quien conoce cada historia detrás de estas paredes.
El número también habla: 106 años de servicio, 18 filiales en casi todos los departamentos y 1.900 voluntarios y voluntarias inscriptos. En cada guardia, en cada capacitación, en cada traslado, hay una persona con chaleco rojo sosteniendo la primera línea de la solidaridad. “La fuerza del voluntariado es la que hace posible que lleguemos a quienes más nos necesitan”, insiste Benítez. No es una frase hecha: es un sistema vivo que articula atención de auxilios, respuesta inmediata a emergencias y desastres, promoción de la salud mental y del ejercicio saludable, protección de derechos humanos y, sobre todo, liderazgo juvenil.
La mejora en el Reina Sofía tiene rostro de madre y de recién nacido. Las habitaciones son más cómodas y seguras; el entorno de cuidado, más humano. Los nuevos ecógrafos permiten imágenes de gran definición —con prestaciones que habilitan visualizaciones avanzadas— y detecciones más oportunas de malformaciones durante el embarazo. “Vamos a ver más al interior del niño y a detectar antes lo que antes no se veía”, dice Benítez. La renovación edilicia se nota: salas luminosas, flujos más ordenados, equipos listos para responder con calidad. La terapia neonatal suma capacidades y redundancias críticas; las incubadoras nuevas significan una diferencia real cuando cada minuto cuenta.
Puertas afuera, la misión no se detiene. Cruz Roja Paraguay sostiene cursos de primeros auxilios —que también apoyan la renovación de licencias de conducir— y programas comunitarios que acercan herramientas prácticas para salvar vidas antes de que llegue la ambulancia. En emergencias, la organización despliega su músculo histórico: evaluación rápida de daños, asistencia humanitaria y acompañamiento psicosocial. El año pasado, por ejemplo, se trabajó con fondos ante inundaciones, reforzando la capacidad de respuesta en terreno y la coordinación con autoridades locales. Cada operación suma aprendizaje y mejora protocolos.
La salud mental dejó de ser un tema silenciado para convertirse en prioridad transversal. Equipos voluntarios y técnicos se forman para brindar contención, identificar señales de alarma y derivar de manera oportuna. Al mismo tiempo, la organización impulsa el envejecimiento saludable con campañas y talleres que promueven hábitos protectores y redes de apoyo. “Sabemos cómo estamos a nivel nacional y global; por eso reforzamos la salud mental y el envejecimiento saludable en alianza con el Ministerio de Salud”, explica la presidenta.
La juventud es otro eje vital. En filiales y comunidades, jóvenes lideran proyectos, convocan a sus pares, aprenden y enseñan. El efecto es multiplicador: cada voluntario forma a otros, cada capacitación se replica en escuelas, comercios, barrios. Así crece una cultura de prevención que reduce riesgos y amplifica la resiliencia del país ante eventos extremos.
El aniversario, entonces, no es solo una fecha. Es un acto de gratitud y un punto de partida. La inauguración de las mejoras en el Reina Sofía homenajea a quienes, durante un siglo, sostuvieron la mística de la Cruz Roja en el pecho, y al mismo tiempo compromete a una nueva generación a seguir. “Lo mejor que podemos ofrecer es calidad y calidez”, afirma Benítez. La invitación queda abierta: a quienes recibieron ayuda, a quienes quieren ayudar, a quienes buscan sentido en el servicio. 106 años después, la Cruz Roja Paraguaya sigue siendo ese puente donde la empatía se hace trabajo y el trabajo se vuelve esperanza.


