Ni rosita ni simétrica: los mitos sobre la forma y el color de los genitales femeninos

La idea de que una vulva debe ser pequeña, rosada y simétrica puede generar inseguridades en las mujeres y comparaciones en los varones. Víctor Quintana, psicólogo clínico y sexólogo, explicó cómo influyen las redes sociales y la pornografía en la percepción sobre los genitales femeninos y por qué estas diferencias forman parte de la diversidad corporal.

| Por Natalia Olmedo
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La vulva presenta diferencias naturales de forma, tamaño y color que no determinan la belleza ni la salud genital.

No existe una forma única de vulva ni un modelo que determine cómo deberían verse los genitales femeninos. Víctor Quintana, psicólogo clínico y sexólogo, señaló que las redes sociales y los contenidos de internet refuerzan exigencias estéticas sobre el cuerpo de las mujeres, incluso sobre sus partes íntimas, al difundir imágenes que presentan determinadas características como ideales de belleza.

Los labios genitales pueden ser más grandes o pequeños, los labios internos pueden sobresalir o quedar menos visibles y también es normal que un lado tenga una forma diferente del otro. Estas variaciones forman parte de la diversidad corporal, al igual que ocurre con otras características físicas. “No existe una vulva perfecta. Existe una enorme variedad de formas, tamaños y colores, y todas esas diferencias pueden ser completamente normales”, explicó Quintana.

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El color de la vulva también varía entre las mujeres y puede estar relacionado con la genética, la pigmentación natural de la piel, las hormonas y los cambios que aparecen con el paso de los años. Por eso, es normal que la zona genital tenga una tonalidad más oscura que otras partes del cuerpo. Además, el tamaño de los labios genitales o su color no permiten determinar cuántas relaciones sexuales tuvo una mujer ni indican una falta de higiene.

Diversidad de los cuerpos reales

Uno de los factores que influye en la percepción de los genitales es la pornografía, ya que algunas producciones muestran cuerpos seleccionados según determinados criterios estéticos y recurren a la iluminación, los ángulos de cámara y, en ciertos casos, los retoques de imagen. Estas representaciones no reflejan necesariamente la diversidad de los cuerpos reales y pueden generar una idea limitada sobre cómo deberían verse los genitales.

Desde la psicología, estas comparaciones pueden afectar la seguridad personal y la percepción del propio cuerpo. Una mujer que nunca había cuestionado la apariencia de sus genitales puede comenzar a preguntarse si son normales o si son atractivos para la pareja después de escuchar comentarios o ver imágenes que presentan una sola apariencia como deseable.

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Según Quintana, estas dudas pueden convertirse en una fuente de inseguridad cuando se repiten y condicionan la manera en que una persona se percibe. Frente a estos modelos, el profesional planteó la importancia de comprender que la apariencia de la vulva varía naturalmente y que no existe una única forma, tamaño o tonalidad que deba cumplir con un ideal estético.

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