El arte no tiene fronteras, y la obra de Kyoko Shimizu lo confirma. Nacida en Japón, creó su propia “cerámica fusión”. En sus hermosas piezas, la técnica oriental abraza los mitos de América Latina, logrando un estilo único y cautivador.
Su historia inició en la infancia, por su profundo amor al arte. Tras recibirse en la facultad de cerámica, volvió a su tradicional pueblo nipón. Allí, la arcilla unió su destino con quien hoy es su esposo, conformando una dupla creativa inquebrantable.
Con alma aventurera, viajaron a Perú viviendo allí diez años y sumando la técnica milenaria de Lurín. Luego, el destino los trajo a Paraguay, un viaje temporal que los atrapó por completo. Hoy llevan quince años felizmente instalados en el país.
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Amor por los gatos y arraigo guaraní
Si algo distingue la obra de Kyoko, son los gatos. Son su gran compañía, devoción que plasma en figuras como el Maneki-neko (gato de la suerte nipón), honrando así los verdaderos orígenes de la milenaria historia de la cerámica de su tierra natal.
Su talento además reinterpretó maravillosamente la cultura paraguaya. A través de sus manos, mitos como el Jasy Jatere o el Kurupí adquieren un estilo tierno. También homenajea a chiperas y yuyeras en esculturas llenas de identidad local.
El gran refugio de esta familia es Areguá, capital de la arcilla. Allí, el arte es ADN puro. Comparte el talle con su esposo Maneno y su hijo Ruru, quién ya sigue firme el camino ceramista, demostrando que la pasión por moldear se transfiere de generación en generación.
Arte y familia: sin fronteras de arcilla
Su legado es un crisol: hijos mayores nacidos en Japón y el menor, Arandú, nacido en Perú pero con nombre guaraní. Esta rica diversidad potencia su taller, donde el rigor asiático, el arte andino y el corazón paraguayo laten al mismo ritmo en cada nueva obra finalizada.
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Hoy Kyoko concentra sus energías en la producción para futuras exposiciones artísticas, pausando sus clases diarias. Sin embargo, su espíritu docente sigue vivo, viajando frecuentemente a Brasil para impartir distintos talleres creativos de su técnica.
Para toda su familia, la cerámica es su vida entera. Desde Asia a Sudamérica, el torno guio una historia donde el talento comprobó que, al amasar los sueños con barro, cualquier rincón de este inmenso mundo puede sentirse verdaderamente como en casa.

