La novela, editada por Planeta, fue lanzada el pasado miércoles 14 en un acto en la Alianza Francesa. El periodista Clari Arias presentó el libro ante una audiencia que llenó la sala Moliere del centro cultural.
Unos días antes, hicimos una entrevista con el autor, quien nos contó que el libro se centra en el Ayala íntimo, carcomido por los celos al enterarse que su amante, Hilda Diez, ya tiene una nueva pareja.
La historia cuenta que Ayala se enfrentó a Tomás Bareiro a tiros. Mientras que éste murió en el acto, el ex presidente falleció al día siguiente a consecuencias de las balas que recibió.
En el libro tu visión de Ayala es muy iconoclasta e incluso contradictoria con la del gran estadista organizado.
“Ayala, definitivamente, era un hombre de pocas pulgas, de armas tomar. Cruzaba el río Paraguay nadando. Era un tipo recio, irreductible desde todo punto de vista. Se disciplinó en la soledad, en pensarse a sí mismo. Sus ensayos son muy buenos, con un valor literario y una profundidad filosófica. Pero Ayala era un ser humano. Fue el gran Estadista que quizás a los cincuenta años lo único que pedía es que lo traten como a un niño. Fue el hombre sin niñez, sin juventud”.
“Ayunó toda su vida en lo que se refiere a lo afectivo. A los nueve años salió de su casa y creó que siempre lo invadió el sentimiento de orfandad. Imaginate salir de Ayala Guazú, de Mbuyapey, a los nueve años. Según la tradición oral, su abuelo fue degollado, al igual que su tío mayor, en la época de la guerra grande. Así, su primer contacto con el mundo es con un ambiente oscuro, selvático. Luego, primero va a Encarnación y luego a Asunción, que en ese entonces eran pueblecitos. Se recibe en el Colegio Nacional de la Capital, va a la facultad de derecho, y luego viaja a Europa, adquiere idiomas, tiene acceso a los grandes pensadores. Se convierte en un político paraguayo que tiene conocimientos de filósofos, algo que no había en la región. Irigoyen, por ejemplo, era un caudillo, no era un hombre de ideas. Ayala tenía un sentido estético de la palabra como puede apreciarse en la prosa de sus mensajes al Congreso, escritas por él, de puño y letra”.
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Sentía un gran compromiso con el Estado
“Sabía que había que reorganizar el estado paraguayo, que había que dotarle de legalidad. Empieza a cobrar impuestos a los liberales más poderosos de la economía paraguaya, manda al norte a los recaudadores a buscar a la gente que no pagaba. El Estado no tenía presencia tributaria, ni tenía para pagar sueldos, y no solo logra pagar los sueldos sino que prepara al Paraguay para la guerra sin hacer deudas. Debemos estar eternamente agradecidos a este señor. Es lo más grande que hubo. Era el único que admiraba a Francia, que también era un hombre hermético. No admiraba a los López. Como Eligio, Francia era un hombre ilustrado, el más ilustrado de todos los próceres, el que dice que en vez de asumir el constitucionalismo liberal que va a provocar la anarquía, asumamos instituciones romanas: el consulado y la dictadura. Pero mientras Francia se forma en Córdoba, Ayala lo hace en Europa, y hace su periplo solo, sin dinero del Estado”.
“El estadista Ayala es un hombre necesario para el mundo hoy en día. Es atemporal. Corresponde a un tipo de hombres excepcionales. Tuvimos la suerte de que nos tocó alguien así. Si no nos tocaba Ayala y seguía la anarquía, que venía previa al ‘24, el Paraguay perdía la guerra contra Bolivia. Y si Ayala hubiera continuado con vida, aunque es una hipótesis retrospectiva, no hubiese ocurrido lo del ‘36, ni lo del ‘40. Entonces, no hubiésemos tenido stronismo porque Ayala era el único que realmente podía contener a las fuerzas armadas porque en su momento le dio lo que quería: armamento y salarios. Hubiese frenado cualquier levantamiento, además de tener un carácter, una impronta que imponía respeto a los militares. Pero murió en el ‘30”.
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El libro es publicado por Planeta, una editorial internacional
“Estar en una editorial internacional como es Planeta creo que es abrir una puerta a la literatura paraguaya. Creo que tenemos que recuperar esa tradición en Paraguay. No podemos ser un país ágrafo como diría Roa. Hoy en día, la amenaza no es solamente la vulgaridad, la ignorancia sino como los medios digitales atentan contra la literatura, la escritura en su concepción clásica y tradicional. Creo que el mundo, más que nunca, debe munirse de la gramática, del pensamiento que se expresa en palabras, y la realidad tiene que ser visualizada con la palabra”.
“Una puerta para la literatura paraguaya, para otros escritores que vengan después. No somos permanentes, lo importante es que fluya una tradición. Hay que abrir las puertas para las siguientes generaciones, porque cuesta mucho para los paraguayos publicar en el extranjero”.
Era un liberal en una época en que las ideas totalitarias estaban emergiendo.
Vive las situaciones precursoras del totalitarismo nazi, la dictadura comunista en la Unión Soviética, cuestiona el materialismo dialéctico en un libro. En el mundo estaba en tela de juicio el liberalismo como viabilidad institucional. Empezaban a estar en disputa el poder nazifascista y el comunismo, y el liberalismo entra en crisis. Le toca vivir el crack del ‘29, pero nunca abjura del liberalismo. Creo que no hubiese estado a favor de la constitución del 40, a pesar de que creía en el Estado.
Personalmente, comparto la misma idea del liberalismo de Ayala. Un liberalismo más anglosajón que francés. No un liberalismo que acentúa lo economicista, sino que entiende que la economía, manejada con criterios racionales, está en función de un proyecto colectivo no solamente un proyecto individual. Pero, nosotros no menoscábamos el rol del individuo en el proceso económico: la iniciativa privada, todas esas cosas. Ayala puede estar en el esquema de Keynes, que era un liberal. El liberalismo no es solamente el mercado.
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Hay muchos testimonios de la “argelería” de Eligio Ayala.
Le echó a patadas a más de uno de su despacho. Recibía con un revólver en la mesa y decía que los ladrones debían salir por la ventana. Hay que tener una noción del Estado, con un criterio de gobernanza. Por ejemplo, elabora la ley electoral para que el Partido Colorado se sienta cómodo y bajo su mandato se realizan las primera elecciones libres, donde compiten Eduardo Fleitas (ANR) y José P. Guggiari (PL), y vuelvo a insistir: Prepara al Paraguay para la guerra. Trae a los menonitas porque a través de su presencia en el Chaco, Paraguay iba a poder invocar el uti possidetis.
Hiciste un trabajo de ingresar a la psiquis de Ayala desde la ficción.
Claro, pero el problema es que no soy un escritor profesional. Mario Vargas Llosa me decía que antes de empezar a escribir ya tenía todo preparado el esquema del libro. Pero mi escritura está llena de pozos de inspiración donde caigo y la historia va surgiendo, incluso caminos nuevos que uno va descubriendo. Cuando escribo, me dejo vivir. Cuando escribo sobre una mujer, soy Lucrecia. Cuando escribo sobre un hombre, soy Ayala, soy Wolfgang. El que no es escritor profesional, que escribe a destajo -viernes, sábado, domingo, feriados- se deja vivir en el momento de inspiración que viene. Obviamente a la inspiración hay que ayudarle con la disciplina, hay que sentarse a escribir. Así, creo haber estado bajo la piel de Ayala, pero también bajo la piel de Hilda. Por eso no sale retratada como los comentarios que la relataron como una mala mujer, que pagó con la moneda de la infidelidad. Hilda sale en esta novela como una mujer de carácter.
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