“Timoteo”, en busca de un milagro

Hay ideas pequeñas que pueden producir grandes resultados, proyectos poco ambiciosos que pueden sorprender. Quizás, “Timoteo” llegue a cumplir esto. Una comedia sencilla, pero bien narrada que llega hoy a las salas de cine.

| Por Sergio Ferreira
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Katty Pacuá, Amada Gómez y Olga Vallejos en una escena de la comedia “Timoteo”, de Osvaldo G. Ortiz Faiman.

“Timoteo, el lorito que se volvió santo” es la primera película de Osvaldo G. Ortiz Faiman, alguien que ha estado más vinculado a la producción y a la gestión cultural más que a la dirección.

Se ha animado con una historia que comenzó como una anécdota, luego fue un cortometraje, como parte de un taller de dirección. El proyecto fue creciendo y calladamente se desarrolló en un largometraje, una comedia divertida, barrial, que a través de acciones eficaces puede llegar a un público masivo. No es un filme de festivales, es un producto popular, pero bien contado, ambientado en un típico barrio asunceno, y con buenas actuaciones.

La historia es la siguiente: Tres amigas, ya entrada en años, se quieren y se protegen. Ellas son Porota, Nena y Chiquita. Integran el grupo de la parroquia, saben cocinar y tienen sus achaques propios de la edad. Una de ellas, Chiquita, sufre una descompensación y va al hospital. Afortunadamente no es tan grave y pronto le dan el alta. Pero en su ausencia, su querido loro va a parar a las fauces del perro de Porota.

Tratan de revivirlo, antes de que llegue Chiquita, pero es imposible. Aunque ella llegará a creer que su querido Timoteo resucitó y pronto correrá la voz de que el lorito se volvió milagroso.

La película es una comedia de enredos típica del cine, pero contada como un “pukara” de nuestro teatro popular. Tiene un candor y una inocencia que la hacen atractiva, tanto que uno no quiere perder tiempo buscando detalles.

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Ortiz Faiman hace hincapié en la descripción del barrio, con sus personajes que se sientan en la vereda, las mascotas que se pasean libremente, los vendedores ambulantes, la ambientación de las casas. Todo es muy cotidiano.

El elenco está muy bien elegido. Las tres amigas están protagonizadas por Olga Vallejos (Chiquita), Katty Pacuá (Nena) y Amada Gómez (Porota). Diana Frutos es la dueña de la despensa y rival de las tres. Ansía ser la presidenta de la comisión parroquial. Wilfrido Acosta es el párroco y Hernán Melgarejo es el pastor que busca adeptos a su iglesia. Paletita es el vendedor de huevos, muy amigo de Chiquita.

Hay varios cameos que apoyan la película. Emilio Barreto, como el que sale a sentarse en la vereda, no necesita decir una palabra. Juanse Buzó y Marlene Sautu alternan en una escena, y Luli Aguirre y Ever Enciso colaboran en otra. Rafael Kohan, más que un cameo, hace un papel interesante como un enviado del Vaticano para comprobar los “milagros” de Timoteo.

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Osvaldo G. Ortiz Faiman describe a un típico barrio asunceno, con sus luces y sus sombras. En algunos lugares de la ciudad ya no existen barrios así. Se perdieron a causa de la gentrificación, o del abandono, como es el caso del centro. Mientras que en algunos barrios se destruyen patios frondosos de vegetación que son reemplazados por fríos y costosos edificios, el centro permanece abandonado, preso de la especulación inmobiliaria.

Finalmente, “Timoteo” no es tan inocente. Nos confronta con una ciudad que estamos perdiendo.

La película es una producción de Puatarará Films (Osvaldo Ortiz y Tania Simbrón) en coproducción con Aleph Cine de Argentina. Cuenta con el apoyo de Ibermedia, la Dirección Nacional de Propiedad Intelectual, Secretaría Nacional de Cultura, el Fondec y el banco Itaú.

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