Un poco después de las 20:30 del pasado jueves, el Teatro de las Américas recibió al público de Ismael Ledesma en una agradable noche asuncena para el concierto “Revivir”, nombre que lleva el mismo nombre del último trabajo discográfico del reconocido arpista que en su juventud temprana había decidido salir del país y cruzar el charco para buscar nuevas oportunidades.
Esa búsqueda no era solo económica, fue una búsqueda de sonoridades, de repertorio, de inspiraciones y musicalidad. En ese recorrido su repertorio se amplió y sus conocimientos musicales y técnicos se expandieron mediante el ejercicio de ir escuchando a diversos compositores y distintos géneros.
Ese camino es el que plasmó en un recital cargado de emocionalidad, así como lo es él mismo. Ismael tiende a llorar cuando algo lo emociona, o sencillamente guarda silencio, procesando lo que su cuerpo siente, luego lo canaliza en melodías, armonías y ritmos.
El recorrido
El repertorio inició con “El bayón de Ana”, pieza musical conocida por ser interpretada en la película dramática italiana “Anna” (1951). Esta versión la realizó al estilo forró (Brasil) de la mano de los músicos que lo acompañaron: Rubén Melgarejo en guitarra (arreglador y productor mexicano de su último álbum), Paula Rodríguez en bajo y Ramón González en percusión. Esta obra fue una de las primeras que Ismael introdujo a su repertorio internacional. “Cuando salí del país a los 19 años, fui totalmente inocente en mi repertorio. Es ese el motivo por el cual estoy reviviendo estos temas que son importantes en mi carrera”, dijo.
Sin dudas, la influencia de la música venezolana y el arpa llanera fueron determinantes en su musicalidad y compendio musical. En esa línea, el concierto tuvo mucho de ese país. “Ansiedad”, un vals venezolano siguió en el repertorio de la noche para ser sucedido por “Canción a Puerto Rico” del venezolano Hugo Blanco, un prolífico arpista que se caracteriza por su catálogo de obras en distintos géneros sudamericanos.
El motivo de la noche
En charla con LT, Ismael Ledesma relató que su fluidez creativa había sufrido un letargo a inicios del año pasado. Aquel bloqueo lo empujó a realizar una introspección; es ahí donde vuelve a repasar estas obras que son el inicio de su carrera internacional.
En ese proceso la inspiración volvió y así nació “Revivir”, obra con la que continuó la noche, no sin antes invitar a sus compañeros de Ysando: Orlando Rojas en guitarra y Andrea González en violín. Juntos interpretaron “Revivir”, una pieza en seis por ocho en donde el arpa pasa por momentos a ser un instrumento más de acompañamiento mientras las cuerdas del violín sostienen la melodía.
Su guarania “Flores de Asunción”, un homenaje al creador del género, José Asunción Flores, fue el siguiente tema. Una de sus obras más emblemáticas en los últimos tiempos. Al culminar, saludó a su amiga y colega Lizza Bogado, una gran cantautora quien le había puesto letra a esta canción. Y esa fue la excusa para ser invitada al escenario e interpretarla.
Como es costumbre, Bogado la cantó con tantísima emoción. Una letra que rinde homenaje al creador de la guarania quien por defender sus ideales de un Paraguay mejor (como él mismo lo decía en sus entrevistas y charlas) y por pertenecer al Partido Comunista, fue exiliado. Su música fue prohibida en Paraguay por el gobierno colorado-militar del dictador Alfredo Stroessner y tras su agónica muerte, el mismo tembelo le negó la repatriación de sus restos.
Un viaje al interior de su alma
La noche se desarrolló en un vaivén de géneros y temas. Los ritmos latinos, el vals de Europa y la música española estuvieron presentes hasta el final. Temas propios como “La balada del indio”, “Amazonas” o “Arcoíris” se desarrollaron con el respaldo enérgico de los aplausos del público. “De Paraguay a Venezuela” un joropo en homenaje al país hermano estuvo marcada por el magistral acompañamiento de Melgarejo en las maracas llaneras.
Recordó a su entrañable amigo y gran promotor musical Beto Barsotti quien emulando al slogan de FM Concert, le decía que su público era “una inmensa minoría”. Se despidió con “Colores latinos”, del disco homónimo.
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Así se despidió Ismael, con un público que escucha su música y que lo apoya ahora en su disco número 27. La gente pidió una más, y finalmente se retiró con “Vagabundo”, para luego bajarse del escenario y fundirse en abrazos y apretones de manos.

