Octubre es el mes en que el mundo habla de la salud de la mujer. Entonces, por qué no seguir mencionando más de algunas de sus otras batallas: por hacer conocer sus obras actuales y —con hechos— ratificar el lugar que merecen.
Quienes leen La Tribuna saben que está dedicando editoriales a resaltar la huella femenina en la vida pública y privada. Ya recordamos a varias. Hoy nos referimos a la primera dama Leticia Ocampos, arquitecta de profesión, cuya gestión se distingue por un estilo discreto, sin estridencias, casi en silencio.
En un país donde todavía se mide a la dama por el vestido que luce, por su peinado o maquillaje, amerita detenerse y mirar más allá. A observar la esencia misma de ser mujer.
Como arquitecta, Leticia muestra que las transformaciones no empiezan por la fachada, sino por la base. Luego de mucho aparece una persona que mima a la capital de la República.
Bajo su liderazgo, la Comisión “Asunción 500 años” impulsa la recuperación del centro histórico de la capital: se restauran plazas, monumentos vuelven a erguirse, las calles se abren al peatón y cables desaparecen bajo tierra.
El paisaje urbano se va ordenando y con él se mejorará también la vida de quienes lo habitan.
A la par de estas tareas, avanza un programa de incentivos fiscales que busca devolver al centro la vitalidad perdida. Eso se consumará en un par de días.
Reducciones de impuestos, créditos blandos, subsidios para nuevas familias y planes para rehabilitar inmuebles patrimoniales forman parte de una estrategia que apunta a repoblar el corazón de Asunción.
Porque una ciudad no se mide solo por sus edificios, sino por las voces y los niños que la llenan de vida. Es precisamente allí donde su agenda se expande: la niñez y la adolescencia.
Centros de atención integral, espacios de acompañamiento y proyectos que recuerdan que el futuro de un país no se construye únicamente con cemento, sino con cuidado y oportunidades. El urbanismo cobra sentido cuando se enlaza con lo humano.
En medio de todo, las resistencias no tardan en aparecer. En lugar de debatir sobre las obras, unos prefieren detenerse en el vestido, la vida doméstica, los detalles personales. Surgen como intentos de desacreditar desde lo superficial.
Esos modos reactivos revelan más a quienes los lanzan que a la persona a quien apuntan: son tonos típicos de gente mezquina que se incomoda porque lo que se hace comienza a tocar intereses particulares y privilegios.
Las acciones de la primera dama resultan inconvenientes para los que están realizando millonarias inversiones inmobiliarias en zonas de shopping, donde comprar un departamento monoambiente es un sueño inalcanzable para cualquier ciudadano con un ingreso promedio en Paraguay.
El tiempo, sin embargo, es juez paciente. Cuando el ruido se disipe quedarán las plazas iluminadas, los edificios restaurados, las familias regresando al centro, los niños protegidos y una ciudad que recobra dignidad. Entonces, la buena acción hablará por sí sola.
En este Octubre Rosa, al dedicar espacio a las mujeres, corresponde asumir que la verdadera fuerza no necesita alardes. Leticia Ocampos trabaja en silencio, como quien levanta un plano con visión y convicción.
Más allá de la apariencia, más allá del zumbido, lo que permanecerá será la huella de lo construido. Y esa es la que perdura. No el vano esfuerzo por la figuración.
Desde La Tribuna no buscamos redactar un editorial complaciente con el poder, porque sabemos que el periodismo pierde su esencia cuando se convierte en propaganda, ya sea en pro o contra el poder.
Sin embargo, estamos convencidos de que la falta de seriedad no contribuye al debate ni eleva la gestión. La locución repetida, casi actuada, se conoce, tiene como objetivo mancillar para defender intereses egoístas.
Una discusión tiene nivel cuando se enfoca en la eficacia de los proyectos, cuestiona la oportunidad de las medidas y debate la pertinencia de la inversión pública. Se baja la conversación cuando la agenda entra en el terreno del vestido, el maquillaje o el quehacer doméstico.
En este Octubre Rosa corresponde, más que nunca, respetar y reivindicar a la mujer paraguaya, será la mejor forma de portar la cinta rosada en el pecho. Dentro de esa línea, es de justicia reconocer que detrás del plan de revitalizar la querida Asunción está una mujer que opera sin pedir aplausos a la platea.


