El superclásico paraguayo volvió a quedar marcado por la violencia. Lo que debía ser una jornada de fiesta deportiva terminó con incidentes en las tribunas y una invasión del campo de juego en La Nueva Olla, después de la victoria de Olimpia por 2-0 ante Cerro Porteño.
Los problemas comenzaron durante el segundo tiempo, cuando Romeo Benítez anotó el segundo tanto franjeado. Los festejos de los jugadores olimpistas frente al sector de la hinchada azulgrana provocaron la reacción de algunos aficionados, que comenzaron a arrojar objetos hacia el campo de juego. Entre ellos, incluso, fueron lanzadas sillas de plástico.

El árbitro Juan Gabriel Benítez debió interrumpir el encuentro ante la situación que se vivía en las gradas. El partido pudo reanudarse, aunque la tensión continuó y volvió a generar dificultades durante el tramo final.
El episodio más grave se produjo después del pitazo final. Integrantes de la barra de Cerro Porteño rompieron los cordones de seguridad e ingresaron al campo de juego, aparentemente con la intención de acercarse a los futbolistas de Olimpia.

Ante el avance de los aficionados, los agentes policiales conocidos como Cascos Azules formaron un cordón para impedir que llegaran hasta los jugadores. El plantel franjeado tuvo que correr hacia los vestuarios para resguardarse, mientras varias familias optaron por abandonar el estadio ante el descontrol.
Un antecedente que se repite

Lo ocurrido en La Nueva Olla vuelve a poner sobre la mesa un problema que el fútbol paraguayo ya había sufrido meses atrás. El 19 de abril, el superclásico disputado en el Defensores del Chaco fue suspendido a los 30 minutos del primer tiempo, luego de graves enfrentamientos entre hinchas de Cerro Porteño y efectivos policiales.
Aquella jornada dejó al menos 72 heridos y 63 detenidos. Posteriormente, 22 aficionados fueron sancionados con la prohibición de ingresar a eventos deportivos.
Pese a esos antecedentes y a las medidas adoptadas después de aquella suspensión, el superclásico volvió a terminar con escenas de violencia. Esta vez, el resultado deportivo fue claro, con Olimpia como ganador, pero la imagen que quedó del espectáculo fue otra, una que no deseamos ver. Jugadores buscando refugio, policías intentando contener a los aficionados y familias abandonando las gradas en medio del caos generalizado.

El fútbol paraguayo volvió a quedar en deuda con su gente. La rivalidad puede ser intensa y la pasión forma parte de la esencia del superclásico, pero nada justifica que un partido termine poniendo en riesgo la integridad de todos los que forman parte del espectáculo.



