Mary Noceda, reconocida diseñadora de moda, explicó los aspectos fundamentales que se consideran al crear un vestido de cóctel, describiéndolo como una combinación entre construcción técnica y la identidad de la persona.
El proceso para el diseño parte de dos bases sólidas, señaló Noceda. Primero, un estudio morfológico y, luego, un análisis de color para determinar los tonos que más benefician a cada cliente. Identificar el tipo de siluetas y estilos es lo primordial para que la persona que vista la prenda esté a gusto y tenga exactamente lo que se imaginó, teniendo en cuenta que la elegancia depende de la perfección en el trazado y no de medidas estandarizadas.
Noceda indicó que la particularidad de los vestidos de cóctel radica en ser una pieza intermedia entre lo formal y lo desenvuelto, considerándola un elemento básico en el guardarropa para acontecimientos que se realizan durante la tarde o inicios de la noche, como recepciones de empresa, inauguraciones o bodas diurnas.
Su longitud característica suele llegar a la rodilla o ligeramente por debajo, y su principal virtud es la adaptabilidad con los complementos correctos. Es recomendable evitar ciertos elementos, como las telas de brillos, lentejuelas o strass, que pueden desviar la elegancia hacia una estética más propia de un contexto festivo. La sofisticación radica en la discreción y conviene evitar cortes demasiado atrevidos, con aberturas muy pronunciadas en la pierna, cortes cut-out pronunciados en el torso o escotes demasiado reveladores.
Para diseñar o elegir un vestido de cóctel, el conocimiento personal profundo es lo primordial, entender la propia morfología, reconocer los subtonos de piel y, por sobre todo, tener claro que las tallas estándar son irrelevantes cuando logramos sentirnos cómodas, seguras y vemos cumplidas todas las expectativas de nuestro vestido ideal.



