La escena de moda en San Bernardino, durante el segundo fin de semana de Casa Corona, estuvo dominada por una paleta de tonos claros, el blanco y el beige definieron los atuendos, consolidándose como los colores emblemáticos de la frescura y elegancia.
La elección cromática responde a una mirada depurada, centrada en lo esencial. Los conjuntos, construidos desde la luminosidad y la simpleza, establecen un contraste armónico con el paisaje pedregoso, generando una escena visual equilibrada y altamente atractiva para la fotografía.
Las prendas elegidas por los visitantes priorizaron la comodidad y refinamiento, apoyadas en siluetas sueltas, fluidas y tejidos apropiados, adecuados para las altas temperaturas. De este modo, el vestuario se erigió como un lenguaje propio del encuentro, demostrando su poder para enriquecer la experiencia social veraniega del 2026.
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