Paraguay atraviesa una etapa demográfica que no durará para siempre. Hoy, alrededor de dos de cada tres habitantes están entre los 15 y 64 años, el tramo que suele considerarse potencialmente productivo. Esa concentración de población en edades laborales puede convertirse en una enorme ventaja económica. Pero también puede desperdiciarse si el mercado no genera suficiente empleo formal, productivo y bien remunerado.
El Instituto Nacional de Estadística señala que en 2025 el 66,4% de la población paraguaya se encontraba entre los 15 y 64 años. La proporción se mantendría prácticamente estable hasta 2050, cuando llegaría al 66,2%. Es lo que explica que Paraguay todavía tenga abierta su denominada ventana demográfica.
La oportunidad aparece porque, durante esta etapa, la cantidad de personas potencialmente capaces de producir, generar ingresos, ahorrar y aportar al sistema supera ampliamente a la población dependiente. Pero el propio estudio del INE advierte que esa estructura favorable no produce automáticamente un bono económico. Hace falta que esas personas encuentren trabajo productivo.
Ese es el verdadero desafío.
Una persona puede tener 25, 35 o 45 años y estar estadísticamente dentro de la población en edad de trabajar. Pero eso no significa que tenga empleo, ni mucho menos que ese empleo sea formal, productivo o suficiente para progresar.
El problema se vuelve más evidente cuando miramos a los jóvenes. Datos del INE publicados para 2025 muestran que Paraguay tenía 1.525.855 jóvenes de 15 a 29 años, equivalentes al 24,7% de la población considerada por la encuesta. Su tasa de participación laboral era de 65,8%, frente al 72,2% del total de la población en edad de trabajar. La tasa de desocupación juvenil alcanzaba 8,6%, casi cuatro puntos por encima del 4,7% nacional.
Es decir: el país dispone de una población joven numerosa, pero la entrada al mercado laboral ya muestra dificultades.
A eso se suma la calidad del empleo. El gran salto que necesita Paraguay no consiste solamente en crear puestos de trabajo, sino en aumentar la cantidad de empleos vinculados a actividades con mayor productividad, capacitación, estabilidad y protección social.
El PNUD Paraguay, en su Primer Informe Anual 2025, coloca precisamente la productividad y la integración de pequeñas unidades productivas dentro de los desafíos estructurales. El organismo trabaja con la meta de que trabajadores, agricultura familiar, microempresas, pequeñas y medianas empresas y cooperativas aumenten sus ingresos o productividad y se integren mejor a cadenas de producción locales e internacionales. …
Un dato muestra la dimensión de ese esfuerzo. El Fondo de Garantía para las MIPYMES, administrado por la AFD, reportó 16.845 créditos garantizados por G. 1,46 billones, equivalentes a USD 182,9 millones, asociados a 24.710 empleos directos. El mismo informe señala iniciativas de formación técnica, digitalización y una Estrategia de Formalización 2.0 coordinada con el MTESS, la OIT y UNICEF.
Pero la escala del desafío es mucho mayor.
La CEPAL advierte para América Latina que el crecimiento por sí solo tampoco está resolviendo los problemas estructurales del mercado laboral. En 2025 el empleo regional siguió aumentando, aunque a menor velocidad, y la informalidad continuó siendo elevada. La recomendación del organismo apunta a elevar productividad, formalizar unidades productivas y trabajadores, mejorar capacitación y reducir brechas entre hombres, mujeres y grupos etarios.
Paraguay enfrenta esta discusión desde una posición particular: está creciendo por encima del promedio regional. La CEPAL proyectó una expansión del PIB de 5,5% para 2025 y 4,5% para 2026, frente al 2,4% y 2,3%, respectivamente, para América Latina y el Caribe.
La pregunta es qué tipo de estructura productiva deja ese crecimiento.
Si una economía crece pero una parte importante de sus trabajadores permanece en actividades de baja productividad, sin formación continua o sin seguridad social, el bono demográfico se consume sin transformarse plenamente en desarrollo.
Por eso, la ventana que hoy tiene Paraguay debería medirse con una vara más exigente: cuántas personas en edad de trabajar consiguen empleo, qué calidad tienen esos puestos, cuánto producen, cuánto ganan y qué protección reciben.
El tiempo también importa. El INE advierte que alrededor de 2035 comenzará a revertirse la caída de la dependencia demográfica, impulsada por el aumento de la población adulta mayor. La ventana no se cerrará de golpe, pero empezará a ser menos favorable.
Eso convierte los próximos años en una etapa decisiva.
Paraguay ya tiene una de las materias primas más importantes para desarrollarse: una gran población en edades potencialmente productivas. Lo que falta no se resuelve con demografía.
Se resuelve con educación, capacitación, inversión, formalización, productividad y empresas capaces de generar mejores empleos.
Dos de cada tres paraguayos están en edad de trabajar.
La ventaja existe. ¿La economía será capaz de aprovecharla antes de que empiece a reducirse?


