La formalización de la incorporación de Paraguay a la declaración Pax Silica, la alianza multilateral encabezada por los Estados Unidos junto a otras 25 naciones para garantizar cadenas de suministro seguras e impulsar la superinteligencia artificial (IA), desató un unánime respaldo en el arco político nacional. La iniciativa estratégica proyecta un salto cualitativo histórico para la economía del país: monetizar la energía limpia de las binacionales a través de grandes centros de datos y consolidar un ecosistema digital de alcance global.
El titular del Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mitic), Gustavo Villate, remarcó la trascendencia de sumarse formalmente al grupo de 26 países que diseñan la arquitectura tecnológica de Occidente, señalando que representa la materialización de los compromisos bilaterales asumidos en Washington.
“Vamos a poner nuestra energía limpia y nuestros minerales críticos al servicio de la infraestructura de IA de las Américas. Dejamos de ser consumidores de tecnología para ser productores. Hace unos días nos sancionaron por defender la seguridad de nuestra infraestructura; hoy queda claro que esa sanción confirma el camino: socios de confianza y decisiones soberanas”, sentenció Villate, al tiempo de destacar iniciativas en marcha como el Data Center del Estado, el despliegue del 5G con altos estándares de ciberseguridad y el proyecto Yguazú Digital.
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Cambio de paradigma: del consumo pasivo a la potencia exportadora
En recientes declaraciones, el presidente de la República, Santiago Peña, fundamentó que esta asociación público-privada con financiamiento norteamericano resuelve la limitación histórica que arrastraba el país desde la puesta en marcha de Itaipú, Yacyretá y Acaray: la imposibilidad física de almacenar y transportar el excedente eléctrico a mercados lejanos.
Al radicar megacentros de datos en territorio paraguayo (como el proyecto con firmas internacionales en la zona de la frontera), el excedente hidroeléctrico deja de cederse a precios deprimidos y se transforma directamente en capacidad de procesamiento de datos y algoritmos exportables a cualquier parte del mundo.
Esta dinámica dinamiza el producto interno bruto (PIB), atrae capital intensivo y multiplica la demanda de mano de obra técnica e ingenieros calificados en formación.
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Coincidencia política: defensa de los intereses nacionales
La jugada estratégica de Asunción generó inquietud en sectores políticos y analistas de Brasil, quienes advirtieron que la llegada de gigantes tecnológicos de EE.UU. y el consumo intensivo de la energía de Itaipú alteran el equilibrio y la ventaja industrial que históricamente aprovechó el mercado brasileño.
Sin embargo, desde el Parlamento nacional, las posturas cerraron filas en torno a los intereses paraguayos. El senador opositor Eduardo Nakayama coincidió con el enfoque de la administración central al advertir que los cuestionamientos del país vecino obedecen a un cambio de reglas que beneficia al Paraguay:
“El motivo por el cual muchos en Brasil están pegando el grito al cielo no es porque les interese la soberanía energética de Paraguay, obviamente, nunca les interesó, sino porque nuestra energía, que antes compraban a precio de bananas, ahora la utilizaremos en nuestro país”, afirmó tajante el legislador.
Frente al debate regional, el Gobierno y la Cancillería dejaron en claro que estas alianzas no buscan colisionar con Brasil, sino diversificar la matriz de socios estratégicos, captar financiamiento de primer nivel y robustecer sustancialmente la posición negociadora del país de cara a la inminente revisión integral del Anexo C de Itaipú.
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