Opinión

Liderazgo 5.0 para la economía del conocimiento

Carlos Jorge Biedermann*

| Por La Tribuna

Los liderazgos reales, además de los teóricos o de power points, se basan en la iniciativa; esto es tener ganas, animarse, estar predispuestos, dar el ejemplo y con el gran entusiasmo de iniciar algo que será o podrá ser importante y relevante.

La intencionalidad se expresa a través de la definición de propósitos, el qué, el porqué y el para qué. Sin una definición clara y premeditada de propósitos, será difícil lograr objetivos propios o para animar e incluir a terceros. Los propósitos son variados: personales, institucionales, empresariales, comerciales, sociales, etc., e interactúan entre sí.

Los propósitos deben estar muy bien comunicados, entendidos y asumidos para pasar a la disciplina y a la metodología

Definido el qué, el porqué y el para qué, debemos analizar, planificar y programar: cómo, cuándo, quiénes, dónde, cuánto, y tener y sostener todo un sistema de supervisión/control que asegure que lo que se previó se cumpla. ¡Y se cumpla bien!

La intencionalidad se respalda y se asegura en la metodología, y ambas dependen de la perseverancia, en no perder el entusiasmo ni la iniciativa y en tener la disciplina en tratar una y otra vez de lograr los objetivos estimados.

Hay que pensar (análisis previo y planificación). Hay que decir (comunicación que explique y que enseñe qué se quiere lograr, por qué y para qué) y por sobre todo hay que hacer. Hacer que las cosas sucedan. Que se logren y bien, ¡porque nada sustituye a los buenos resultados!

*Empresario,

Pte. Southfood SA

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