Una síntesis perfecta del pánico que “cundió” el jueves ante los tremebundos anuncios sobre la inminente llegada de un “anticiclón tropical” que —según todas las entidades oficiales— venía arrasando árboles en Brasil, como mostraba un video que se volvió viral en minutos. En el audio, una voz nerviosa aseguraba que el fenómeno “se encaminaba hacia Paraguay”. Horror.
Por eso me pareció encantador el titular que sacó Crónica al día siguiente: “¡Findemundo! Atájense, gente, porque se viene el diluvio”. Una joyita de gracejo popular, entre alarmista y jodón. Por suerte no llegó el “findemundo”. Fue un “yap...”, bueno no debo usar aquí esa expresión grosera con la que la perrada resume tan bien las grandes metidas de pata y en realidad no es el caso… El pronóstico no estuvo del todo mal, se cumplió a medias, porque, por lo menos, llovió.
Es justo reconocer que la gente de Meteorología hizo lo que pudo. Hubo relámpagos y truenos, incluso algo de viento. Pero ni cerca de la tormenta con cerca de 100 kilómetros por hora anunciados, al menos en Asunción. No se trata de endilgarles culpas. Estamos en Paraguay, donde arreglás una cosa y saltan diez carencias más.
Posiblemente, no contamos con todos los equipamientos modernos —radares, satélites y demás— que sí hay en otras partes del mundo. Y tal vez también debamos aceptar que el hombre, por más ciencia y tecnología que disponga, no puede anunciar con exactitud lo que solo Ñandejara maneja con certeza: el clima.
Pero vayamos al lado positivo. Hubo un despliegue preventivo inusual y, a mi modo de ver, bastante atinado por parte de todas las instituciones encargadas de cuidar a la ciudadanía. Cada quien hizo lo suyo y eso también hay que decirlo:
• Meteorología lanzó un aviso poco común desde tempranas horas, advirtiendo sobre tormentas severas. Después, emitió varios boletines más, reforzando la advertencia.
• La ANDE salió con una lista completa de recomendaciones: desenchufar electrodomésticos, evitar cables sueltos y así.
• Emergencia Nacional hizo lo propio, con consejos sobre qué hacer y qué no hacer: evitar guarecerse bajo árboles, tener a mano linternas, preparar motosierras para despejar caminos, entre otros.
• El MTESS recordó a los empleadores que debían ser tolerantes con la puntualidad y cuidar que los trabajadores no realicen actividades de riesgo bajo el temporal.
• La Municipalidad de Asunción también sorprendió, activando una unidad de respuesta a desastres (que, honestamente, muchos ni sabíamos que existía).
Seguro me estoy olvidando de alguna otra institución que también participó de la cruzada preventiva, pero lo importante es que el “findemundo” fue motivo de alerta general. Y aunque al final no vino, al menos todos se pusieron en modo apocalipsis.
Pido disculpas si estas reflexiones sobre algo aparentemente baladí no están a la altura de los grandes temas nacionales. Pero forman parte de esas pequeñas aventuras cotidianas que vivimos los que moramos en este bendito país, imprevisible y entrañable.
Ya se acercan las fiestas de Navidad y Año Nuevo. El ambiente invita a reuniones familiares, a compartir, a armar pesebres, con la flor de coco, y, claro, a sudar.
Porque entre nosotros, el gordo barbudo con traje de lana en su trineo con extraños renos no tiene la menor chance de sobrevivir a los calores criollos. A este ritmo, el próximo “findemundo” le va a agarrar con un golpe de calor.


