Opinión

La primavera con Santi

Lo advierto de entrada: voy a hablar bien del Gobierno. Y no solo eso, también de la gestión de Santi. Uuuuhhh… seguro ya se les eriza la piel a los …

| Por Christian Torres
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Lo advierto de entrada: voy a hablar bien del Gobierno. Y no solo eso, también de la gestión de Santi. Uuuuhhh… seguro ya se les eriza la piel a los lectores acostumbrados a la “mala onda” de cada día, esa que reparte cierto diario y también la constelación de diarios digitales, convencidos de que pegarle al Gobierno vende más que el pan caliente. A veces tienen razón, a veces no, pero lo cierto es que cada mañana nos desayunamos con un concierto de puteadas, todas juntas, todos contra todos y ni qué decir contra el presidente.

Mi patrona, fan de la “gata flora”, baja todas las mañanas con el ceño fruncido, como si hubiera tragado vinagre. Y en medio de esa sinfonía de quejas, hace poco un legislador —ese al que injustamente motejaron de “ataja carteras de Kathya”— se exaltó tanto que terminó espetándole al mismísimo presidente de la República un sonoro: “¡Hijo de puta!”. Con todas las letras. Imagínense. Ni quiero pensar lo que le habría pasado en tiempos de Don Alfredo. Horror.

Pero basta de preámbulos. A lo que voy: soy un admirador declarado del Programa Hambre Cero. Con sus sombras, sí, pero con muchísimas más luces. Y lo digo en voz alta: es, quizá, la mejor apuesta que ha hecho este Gobierno hasta el momento. El propio presidente ordenó que arranque “como sea”, aun cuando no había cocinas, ni cubiertos, ni aulas dignas. Y arrancó. Vinieron las críticas de siempre, claro —que los niños comían en el suelo, fotos en tapa del diario de siempre—, pero ahí está hoy: un programa estrella que garantiza algo tan elemental como el futuro de nuestra niñez. Y eso, en un país como el nuestro, merece un aplauso de pie (sí, ese emoji de palmadas que falta).

¿Y los robos? —me dirán los de la mala onda—. El “arandú ka'aty” aplica: “que robenna (que no me consta), pero ¡que hagan!”. Todos saben que tienen los ojos del presidente encima y eso, créanme, pesa bastante. Además, la plata sale de Itaipú. Plata hubo siempre, pero antes se perdía en agujeros negros (y no los del cosmos). Hoy, al menos, financia algo que transforma vidas.

Entre titulares del culebrón de  “la empleada infiel” que machaconamente nos repite el diario mala onda, desde hace una semana,  pasó casi desapercibida la verdadera bomba: el bonachón Pa’i Ramírez, ministro de Educación, anunció que el 21 de septiembre, Día de la Primavera, Hambre Cero se extenderá también a la educación media. Imagine el lector lo que eso significa para cualquier familia popular: el ahorro del almuerzo de todos los hijos (creo que también el desayuno).

Hace tiempo lo digo en voz baja, hoy lo grito: Hambre Cero es una acción propia de un estadista. Uno que piensa en el futuro de su Nación. Y qué lindo que justo en esta primavera florezca una política pública que, por fin, ¡¡¡da frutos dulces para todos!!!

P.D.: (qué curioso, un comentario con posdata). La próxima semana escribiré sobre los tan criticados “Paseos de Santi”… , que acarrearon una ola sin precedentes de inversores y eventos internacionales al país.

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