En Paraguay existen grupos de poder. Poderosos. Muy poderosos. No descubro la divina guayaba con eso. Lo interesante es otra cosa: hoy resulta difícil encontrar un gran grupo económico que no tenga, directa o indirectamente, su correspondiente cobertura mediática. El medio funciona como frente de ataque cuando los intereses están amenazados y como escudo cuando toca defenderlos. Todo, naturalmente, en nombre de valores elevados: libertad de prensa, institucionalidad, transparencia, seguridad jurídica.
Peña viene soportando el embate de uno de esos sectores. Antes, durante el gobierno de Mario Abdo Benítez, las relaciones de poder eran otras. Cambian los gobiernos, cambian las cercanías, cambian los negocios y también, curiosamente, algunas indignaciones. Porque en el fondo casi siempre aparece lo mismo: plata.
Y esto podría quedar en una pelea entre gigantes si sus consecuencias no alcanzaran al país. Pero cuando una disputa empresarial se convierte en campaña sobre una supuesta “inseguridad jurídica” del Paraguay, el asunto deja de ser doméstico. El capital, dicen, es cobarde. Imagínese al inversor extranjero leyendo todos los días que Paraguay es poco menos que territorio hostil para su dinero… mientras en la realidad ingresan muchos dólares, llegan proyectos y aumentan las exportaciones, pero nada de eso importa.
El caso Hernán Rivas, por ejemplo. Fue una barbaridad. Un hombre que terminó condenado por utilizar documentación falsa llegó nada menos que a presidir el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados. ¿Alguien puede defender semejante disparate? Claro que no. Ahora bien, tampoco parece razonable sostener que quienes lo designaron sabían necesariamente que todo aquello era falso. Si lo sabían, deberán responder. Si no, el problema revela hasta qué punto fallaron los controles del sistema.
Vamos al core bancario del Banco Nacional de Fomento. ITTI quedó sola en carrera después de que el BNF descalificara a su competidora. El medio del grupo habló de favoritismo, irregularidades e inseguridad. Perfecto. Para eso está la prensa. Solo que hay un detalle que casi desaparece del relato: ITTI mantiene una disputa judicial vinculada al uso de su tecnología por parte de un banco relacionado con ese mismo grupo económico. Hay mucho dinero en juego. Esa parte de la película obvio, no recibe la misma atención.
Algo parecido ocurrió con Banco Atlas y Conmebol. El Senado expresó preocupación porque la Sala Penal de la Corte llevaba tiempo sin resolver una recusación. Se desató entonces el escándalo: presión a la Justicia, atropello institucional, denuncias. Hasta que desde la propia Corte se explicó algo bastante elemental: el Congreso puede expresar preocupación por una demora; lo que no puede hacer es ordenar a los jueces cómo deben fallar. Y no lo había hecho.
El verdadero problema no es que existan grupos de poder. Existen aquí y en todas partes. El problema comienza cuando pretenden que sus intereses particulares sean presentados como intereses nacionales, y peor todavía cuando utilizan el enorme poder de sus medios para convertir una batalla comercial en una cruzada republicana.
Que investiguen, que denuncien, que controlen al Gobierno. Faltaría más. Pero que cuenten toda la película y no solamente la escena que conviene, aunque creo que eso nunca va a ocurrir.
Hoy es día de elecciones municipales. El ambiente parece tranquilo, aunque debajo de esa calma se mueven estructuras, ambiciones, liderazgos y mucho poder. Después volverán las peleas, los negocios, las tapas, los editoriales y las indignaciones selectivas.
Horror!!!.
Así funciona el poder.


