Me arriesgo a eso, pero estoy convencido de que va a ocurrir. De que tengo razón.
Cartes estornudó hace un par de meses y las poderosas falanges de la ANR temblaron. Se miraban sin saber qué hacer. Poco a poco, fueron reaccionando. Y empezó la serie de visitas. Primero uno, luego otro, los más importantes, y después todo el mundo.
El exmandatario apareció sonriente y con toda la voluntad de seguir adelante…, y las aguas se fueron calmando de a poco.
Ahora, la pregunta que surge es: ¿y si el líder llegara a faltar?, Dios no lo quiera, ¿qué iba a pasar?
Una revolución interna de las grandes. Fuerzas tectónicas acomodándose a uno y otro lado. Hay muchos que quieren ocupar el trono del César colorado: el mismo Santi; el vicepresidente Alliana, aunque estará en carrera por la Presidencia; Bachi, Wiens, Mario Abdo, Lilian Samaniego, Luis Pettengill, por citar a algunos.
Pero ¿tienen la carrocería, la potencia, el respeto, el carisma que tiene HC? Creo que son potables, pero ¿a la altura de HC?
Me atrevo a vaticinar que las huestes republicanas siguen unidas solamente gracias a la figura patriarcal del líder de Honor Colorado. Ergo, se lo va a extrañar.
Santi llegó fresco y lozano a la primera magistratura. Se lo veía sonriente, con todas las ganas del mundo. Economista, joven, con experiencia en organismos internacionales; justo lo que necesitan los gobiernos actuales. E inmediatamente se puso manos a la obra.
Abrió las puertas del país al mundo. Estuvo por todos lados. Habló con reyes, presidentes, primeros ministros, organismos internacionales y fundaciones, promoviendo al país, hablando maravillas de “esta isla rodeada de tierra”. Y tuvo un éxito inusitado. Llegó gente importante, con poder de decisión, gente a la cual es muy difícil acceder. Santi lo logró y los resultados están a la vista.
Paraguay alojó eventos internacionales de gran envergadura. Llegaron inversiones, proyectos, de todo un poco. Y sigue sucediendo. Hace poco llegó el heredero del Imperio del Sol Naciente. Ahora mismo tenemos el Rally Mundial. Costó mucho, pero salió.
Luego pensó en Hambre Cero, una apuesta visionaria al futuro del país: alimentar adecuadamente, desde el vamos, a los niños y jóvenes del Paraguay.
El costo es multimillonario, pero ahí está: 375 millones de dólares. Lo escribo de nuevo: 375 millones de dólares al año. Una cifra fantástica a la que los presidentes que vendrán probablemente querrán echar mano para otras cosas.
Santi está ahora encanecido, con arrugas. Es el precio del estrés que causa tratar de poner orden en este país tan peculiar. Yo creo que también se lo va a extrañar.
En realidad, las sociedades nunca fueron demasiado indulgentes con sus gobernantes.
Winston Churchill acababa de conducir al Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial y se presentó a las elecciones de 1945. Era un símbolo. Su partido perdió y él tuvo que dejar el gobierno. No estoy comparando. Solo traigo la anécdota.
Después de la derrota, el rey Jorge VI quiso concederle la Orden de la Jarretera, una de las máximas distinciones británicas. Churchill la rechazó con su humor característico: ¿Cómo puedo aceptar la Orden de la Jarretera cuando los electores acaban de darme “la orden de la bota”?, dijo. Y se fue a su casa.


