Brasil anunció una inversión de unos 200 millones de dólares para la construcción de uno de los diez supercomputadores más potentes del mundo, con un imponente centro de datos para desarrollo de inteligencia artificial.
La licitación está en marcha para este proyecto impulsado como una política de Estado y no de Gobierno, ya que este último puede ser pasajero.
De hecho, el plan brasileño apunta a más, ya que el anuncio de la semana incluía un “acuerdo estratégico” con China para el proyecto de construcción de una segunda supercomputadora que tendría como sede Río de Janeiro.
Con esto, Brasil busca asegurar su futuro económico y tecnológico, pero también su soberanía digital.
Para la primera supercomputadora ya tienen lugar y fecha de inicio de operación: el Parque Tecnológico Augusto Severo, de la Universidad Federal de Río Grande do Norte, que deberá estar operativo en 2027. Quienes entienden lo que significa una capacidad de procesamiento de datos de 7.200 petaflops, sabrán con exactitud por qué esta supercomputadora brasileña entraría en el top 10 de las mejores dedicadas a la inteligencia artificial.
Y aquí va otro dato no menor, aunque no incluido en el anuncio. La firma estadounidense Nvidia, dirigida por Jensen Huang, sería la única proveedora en el planeta con capacidad de cumplir con los estrictos requisitos tecnológicos establecidos en la licitación brasileña.
Es de público conocimiento la afinidad, hoy si quieren llamarla “cercanía”, entre Brasil y China, y la clara posición de Estados Unidos respecto a mantenerse como la primera potencia económica y militar. También lo es el pragmatismo chino a la hora de hacer negocios, más allá de los titulares y las portadas de noticias sobre la batalla entre las dos primeras potencias del mundo.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva conversó recientemente con su par estadounidense Donald Trump, y este —a su vez— se dispone a recibir en la Casa Blanca al mandatario chino Xi Jinping el próximo mes como parte de una visita de Estado.
Con esto queda claro que, a pesar de la enorme diferencia que pudieran manifestar en sus disputas varias, las discusiones políticas en redes sociales e idas y vueltas, los intereses nacionales de estos países superan las barreras ideológicas en la búsqueda de beneficios o como mejor lo describió lord Palmerston: “Ni amigos, ni enemigos permanentes, solo intereses comunes”.


