Cerré el comentario anterior sobre este tema señalando que nadie quería abrir la Caja Fiscal —esa verdadera caja de Pandora— porque cada vez que alguien se animaba a levantar la tapa seguían saliendo tormentos.
Finalmente, el miércoles, luego de la maratónica sesión del Senado donde se dio luz verde a la reforma, saltó el último tormento. Y quizá el más terrible de todos en este ya de por sí sórdido asunto.
Quien lo liberó no podía ser otro que el inefable Silvio Piris, politiquero abdista —sí, marioabdista— de tomo y lomo, quien muy suelto de cuerpo y llevado por la euforia del momento afirmó, para quien quisiera escucharlo, que el acuerdo alcanzado con el Senado fue “una victoria contra el cartismo”.
(Confieso que aquí faltaría ese emoji de los ojos redondos de asombro).
Porque en realidad el trasfondo político de las movilizaciones era como una serpiente que siseaba en sordina entre los pies de los manifestantes. Estaba allí, presente, pero agazapada. Hasta que de pronto sus colmillos llenos de veneno y su lengua bífida salieron a la luz.
¿No era acaso un tema gremial el problema de las jubilaciones?
Pecamos de ingenuos…, increíblemente ingenuos. Claro…, a la ocasión la pintan calva. Se aproximan eventos políticos importantes y había que apretar al Gobierno primero, a los congresistas después y al partido de gobierno al final, en ese orden.
El pretexto, además, era perfecto. Nada moviliza más rápido que el bolsillo —en este caso, las jubilaciones— para sacar a la gente a la calle. ¡Así cualquiera!
Con ello, por supuesto, dotaron de legitimidad a sus reclamos. Y nadie debe preocuparse; se cuidaron muy bien de resaltar después “la gran capacidad de movilización” que demostraron.
Ahora bien, ¿le torcieron el brazo al Gobierno como se ufanan algunos? Creo que a medias.
La intención del Ejecutivo de ir acolchonando el déficit de la Caja Fiscal se logró en un porcentaje importante. El presidente Santiago Peña lo expuso con claridad y con un tono más bien conciliador:
“Probablemente ninguno de nosotros vaya a sufrir las consecuencias, pero nuestros hijos y nietos sí van a sufrir las consecuencias de nuestra incapacidad de haber privilegiado una disputa política de corto plazo y haber empeñado el futuro de las futuras generaciones”.
Peña añadió que la decisión es siempre política y recordó que estamos en un calendario electoral que empieza este año y prácticamente no se detiene hasta el 2028. Por eso agradeció al Parlamento la valentía de abordar un tema tan sensible en pleno año electoral.
Esperemos que no cunda el mal ejemplo y que de aquí en más no empiecen a llegar manifestaciones por los más diversos motivos, todas con un mismo denominador común: mirar solamente el interés propio y no el del país en su conjunto.
Y muchas de ellas, seguramente, con trasfondo politiquero. En la caja de Pandora ya no quedan más tormentos, pero hay algo distinto a todos ellos que quedó pegado en el fondo del baúl: la esperanza.


