El dólar atraviesa un escenario que pocos habían previsto para esta altura del año. Contra las proyecciones que anticipaban una cotización más elevada, la moneda estadounidense descendió hasta niveles mínimos, impulsada por una combinación de factores internacionales y domésticos que aumentaron la oferta de divisas y redujeron las presiones alcistas.
El economista Daniel Correa, en entrevista en el “Espresso informativo” por La Tribu 650 AM, explicó que para entender el comportamiento actual del tipo de cambio es necesario mirar primero lo que ocurre fuera del país. En ese sentido, señaló que la evolución del petróleo y las expectativas sobre la inflación de Estados Unidos tienen una incidencia indirecta sobre el dólar y sobre los flujos financieros internacionales.
Según Correa, un escenario de mayor disponibilidad de petróleo y menores presiones sobre su precio contribuye a tranquilizar las expectativas inflacionarias en Estados Unidos. Esto resulta relevante porque la inflación es uno de los principales factores que observa la Reserva Federal al momento de decidir sobre sus tasas de interés.
La lógica es sencilla, si las presiones inflacionarias disminuyen, disminuye también la necesidad de mantener una política monetaria excesivamente restrictiva. Un eventual escenario de tasas que no suban o que posteriormente puedan reducirse implica condiciones financieras menos favorables para la valorización del dólar y facilita una mayor circulación de capitales.
“Esa es una variable externa que nos afecta”, explicó Correa, al señalar que el fenómeno no es exclusivo de Paraguay. La apreciación de las monedas regionales también se observa en países como Brasil, Chile, Colombia y Perú, donde las respectivas monedas se fortalecieron frente al dólar.
Pero existe un segundo componente que, para el economista, resulta incluso más importante para comprender la situación paraguaya que es el aumento de la oferta real de dólares generado por las exportaciones.
Paraguay está registrando un importante crecimiento en sus volúmenes de exportación, acompañado por buenos precios internacionales y una expansión de sectores productivos, industriales y vinculados al agronegocio. Esto significa que ingresan más divisas al mercado local, aumentando la oferta de dólares y presionando naturalmente hacia abajo su cotización.
Así, el mercado cambiario enfrenta una doble presión bajista, por un lado, un contexto internacional que favorece la circulación de dólares, y, por otro, una mayor generación de divisas dentro de Paraguay.
Bajo esas condiciones, el economista había estimado una cotización de entre G. 6.150 y G. 6.200 por dólar hacia finales del año. Sin embargo, la realidad del mercado está mostrando una dinámica diferente.
¿Quién gana y quién pierde?
El dólar barato genera ganadores y perdedores. Para quienes tienen deudas denominadas en dólares, la situación representa un alivio. Una persona que adquirió un vehículo o asumió un préstamo en moneda estadounidense necesita menos guaraníes para cubrir la misma obligación.
Pero el efecto contrario aparece entre quienes producen y venden en dólares. Un exportador que recibe sus ingresos en moneda estadounidense obtiene menos guaraníes cuando convierte esas divisas, reduciendo potencialmente sus márgenes.
Por eso, Correa insiste en que no basta con mirar quién se beneficia de un dólar bajo, es necesario observar el efecto neto sobre la economía.
La paradoja se vuelve todavía más evidente cuando se analiza al consumidor común. En teoría, un dólar más barato debería traducirse en menores precios para productos importados y bienes cotizados en moneda estadounidense. Pero las familias no compran todos los meses un automóvil, una computadora u otros productos dolarizados.
En cambio, gran parte del gasto cotidiano está concentrado en alimentos, vivienda y otros bienes y servicios esenciales cuyos precios están expresados en guaraníes. Si esos precios continúan aumentando, el ciudadano puede no percibir ningún beneficio de la caída del dólar.
El resultado es una situación aparentemente contradictoria, el tipo de cambio disminuye, pero el poder adquisitivo de las familias también puede deteriorarse.
“Te vas al supermercado y querés morirte”, fue la gráfica expresión utilizada durante la entrevista para resumir esa sensación. Porque, aunque el dólar barato abarate determinados productos y beneficie a quienes tienen obligaciones en moneda extranjera, el consumidor enfrenta diariamente el encarecimiento de los bienes esenciales.
El fenómeno obliga, por tanto, a mirar más allá de la cotización del dólar. Un tipo de cambio bajo puede ser positivo para determinados sectores, pero no constituye por sí solo una señal de bienestar general. La verdadera medida, como sostiene Correa, está en el margen y en la capacidad de compra: cuánto gana cada ciudadano y cuánto puede adquirir con sus ingresos.
Mientras el mercado cambiario continúa mostrando una abundante oferta de divisas, la gran pregunta para la economía paraguaya no es solamente hasta dónde puede caer el dólar, sino cuánto de ese descenso termina llegando efectivamente al bolsillo de las familias.

