América Latina y el Caribe ingresaron en 2026 con una economía todavía condicionada por problemas estructurales, escasa inversión y un crecimiento insuficiente para mejorar de manera significativa el ingreso de sus habitantes. Sin embargo, dentro de ese escenario regional moderado, Paraguay aparece como una de las economías que mantienen un desempeño claramente superior al promedio.
El nuevo informe del Banco Mundial, denominado Panorama económico de América Latina y el Caribe. Revisitando la política industrial: opciones estratégicas para la actualidad, proyecta que la región crecerá apenas 2,1% durante 2026, por debajo del 2,4% estimado para 2025. Con este resultado, América Latina volvería a ubicarse entre las regiones de menor expansión del mundo y registraría un crecimiento prácticamente marginal del producto interno bruto por habitante.
El consumo privado continúa siendo el principal sostén de la actividad económica regional. No obstante, su impulso es limitado porque los ingresos reales se recuperan lentamente y los costos de financiamiento, ajustados por inflación, siguen siendo elevados. La inversión permanece rezagada debido a la incertidumbre internacional, las dudas sobre las políticas internas, el reducido espacio fiscal y una confianza empresarial que todavía no muestra una recuperación firme.
El Banco Mundial advierte que los avances contra la inflación continúan, aunque a un ritmo menor. La inflación general se redujo considerablemente desde los máximos de 2022, pero los precios de los servicios siguen demostrando mayor resistencia. Los costos laborales, la indexación y las presiones sobre alimentos, energía y transporte complican la denominada “última milla” de la desinflación.
A estas dificultades se suma la volatilidad generada por los conflictos internacionales. La inestabilidad en Medio Oriente puede provocar nuevos aumentos en los precios del petróleo, el gas, los fertilizantes y el transporte. Esta situación representa un riesgo para las economías importadoras de combustibles y obliga a los bancos centrales a mantener cautela antes de profundizar la reducción de las tasas de interés.
En materia fiscal, el documento señala que numerosos países mejoraron sus balances primarios, pero siguen soportando déficits generales debido al elevado pago de intereses de la deuda. El servicio de esos compromisos absorbe recursos que podrían destinarse a infraestructura, inversión pública y programas sociales. La recomendación es avanzar hacia reglas fiscales creíbles, anclas claras de deuda, mecanismos de control independiente y cláusulas que permitan responder ante situaciones excepcionales.
El diagnóstico regional también subraya que la informalidad laboral continúa limitando la productividad, el crecimiento de los salarios y la reducción de la pobreza. Una proporción importante de la población trabaja por cuenta propia o en microempresas con baja productividad y acceso limitado a protección social. Por esta razón, una baja tasa de desempleo no necesariamente implica una mejora en la calidad de los puestos laborales.
Dentro de este panorama, Paraguay aparece como uno de los focos de dinamismo económico. El Banco Mundial sostiene que el país continúa superando el promedio regional gracias a las sólidas exportaciones agrícolas, la expansión de la generación eléctrica y un entorno macroeconómico estable que ha respaldado la inversión y el consumo.
Las cifras muestran con claridad esa diferencia. Paraguay registró un crecimiento de 5,3% en 2023 y de 4,7% en 2024. Para 2025, el organismo estima una expansión de 6,6%, mientras que para 2026 proyecta un crecimiento de 4,4% y para 2027 una variación de 4,2%. Aunque existe una desaceleración después del fuerte resultado de 2025, el crecimiento previsto para este año sigue siendo más del doble del promedio regional.
Paraguay también supera las proyecciones de varios socios y economías relevantes. Para 2026, el informe calcula un crecimiento de 1,6% para Brasil, 1,3% para México, 1,6% para Uruguay, 2,4% para Chile, 2,2% para Colombia y 2,7% para Perú. Argentina crecería 3,6%, mientras que Costa Rica alcanzaría la misma tasa. Entre los países comparados, Paraguay mantiene uno de los desempeños más elevados, excluyendo casos extraordinarios vinculados a la explotación petrolera, como Guyana.
El país también aparece en el análisis de los costos de endeudamiento soberano. El diferencial EMBIG paraguayo se encuentra por debajo del promedio de las principales economías latinoamericanas analizadas y en una situación más favorable que la de países como Brasil, Colombia o México. Esto refleja una percepción comparativamente positiva sobre la estabilidad macroeconómica y la capacidad de cumplimiento del Estado.
Sin embargo, el informe también deja planteados desafíos. La economía paraguaya continúa dependiendo de la producción agropecuaria, las condiciones climáticas, los precios internacionales y la generación de energía. Además, el país tiene margen para profundizar el crédito destinado al sector privado y transformar su crecimiento en mayor innovación, industrialización y productividad.
El segundo capítulo del estudio propone precisamente revisar la política industrial de la región, pero sin retornar al proteccionismo de décadas anteriores. El Banco Mundial plantea que los países deben fortalecer el capital humano, facilitar la toma de riesgos empresariales, aprovechar la apertura comercial y mejorar las capacidades del Estado.
Para Paraguay, la lectura es directa: la estabilidad, la agricultura y la energía ofrecen una base sólida, pero no constituyen por sí solas una estrategia completa de desarrollo. El desafío es utilizar esas ventajas para impulsar agroindustria, manufacturas, tecnología, servicios exportables y empleos de mayor calidad.
El informe reconoce que Paraguay crece más que buena parte de América Latina. La cuestión decisiva será si logra convertir ese crecimiento en una transformación productiva duradera, capaz de reducir la informalidad, elevar los ingresos y ampliar las oportunidades más allá de los sectores tradicionales.


