Paraguay enfrenta un momento decisivo en materia energética. Mientras el país promociona en el exterior su perfil de destino competitivo, con energía limpia y condiciones favorables para nuevas industrias, referentes del sector renovable sostienen que aún faltan señales concretas para acompañar ese discurso con inversiones reales.
Eduardo Viedma, presidente de la Asociación Paraguaya de Energías Renovables (APER), señaló que uno de los principales puntos pendientes es la reglamentación de la ley de fuentes de energía renovables, considerada clave para habilitar nuevos proyectos y abrir espacio a la participación privada en generación distribuida.
Según explicó, esa normativa permitiría avanzar en esquemas donde nuevas fuentes como la solar, biomasa o eólica puedan inyectar energía a la red nacional. Sin ese marco operativo, el mercado continúa sin reglas claras y muchos capitales prefieren esperar.
Para el dirigente gremial, la demora genera preocupación porque los proyectos energéticos requieren tiempo de maduración. Indicó que una planta solar o eólica puede demandar entre tres y cinco años para concretarse, mientras que una hidroeléctrica necesita plazos incluso superiores a una década. Por eso, remarcó que las decisiones deben tomarse con anticipación.
Viedma advirtió además que el país se acerca gradualmente a un escenario en el que, en determinados momentos del año, el consumo podría superar la capacidad de generación disponible. Si bien aclaró que no es posible fijar una fecha exacta, sostuvo que existen múltiples variables que pueden acelerar esa presión sobre el sistema.
Entre ellas mencionó el crecimiento de la demanda interna, la llegada de industrias intensivas en consumo energético y la necesidad de administrar correctamente la potencia contratada. A su criterio, minimizar el debate sería un error estratégico.
El referente empresarial consideró que existe una brecha entre la promoción internacional del Paraguay como destino de inversiones y la velocidad de respuesta del sistema eléctrico local. Señaló que si el Gobierno busca atraer industrias, centros tecnológicos y nuevos emprendimientos, el sector energético debería estar entre las prioridades de inversión pública y privada.
En ese escenario, las energías renovables aparecen como una de las cartas más inmediatas para ampliar capacidad. La generación fotovoltaica, pequeñas centrales hidroeléctricas, biomasa e incluso otras tecnologías podrían formar parte del menú futuro, siempre que exista previsibilidad jurídica y financiera.
Desde APER recuerdan que estas iniciativas movilizan montos relevantes y requieren horizontes de retorno razonables. Sin reglas estables, resulta difícil que fondos privados se comprometan en proyectos de gran escala.
Aun así, el mercado ya muestra movimiento en segmentos específicos. Viedma comentó que varias empresas nacionales siguen apostando al rubro y encuentran oportunidades en zonas donde el suministro convencional presenta limitaciones, especialmente en áreas productivas del Chaco y otros polos alejados de los centros urbanos. Allí, las soluciones renovables ya cumplen un rol práctico para sostener actividades económicas.
No obstante, para dar el salto hacia inversiones mayores, el sector insiste en que la reglamentación no puede seguir postergándose. La definición de tarifas, condiciones técnicas, acceso a redes y seguridad jurídica será determinante para convertir el potencial energético en proyectos concretos.
Con una economía que busca expandirse y captar nuevas industrias, el debate energético dejó de ser solo técnico y hoy también forma parte de la competitividad del país.


