Economia

Banco Mundial: “Invertir en capital humano es clave para el crecimiento”

La discusión sobre crecimiento económico suele concentrarse en cifras del PIB, inversión extranjera o exportaciones. Sin embargo, un reciente informe…

| Por La Tribuna
El capital humano se consolida como uno de los principales motores del desarrollo sostenible, según el último análisis del Banco Mundial.

La discusión sobre crecimiento económico suele concentrarse en cifras del PIB, inversión extranjera o exportaciones. Sin embargo, un reciente informe del Banco Mundial vuelve a poner el foco en un punto menos visible pero determinante: sin inversión sostenida en las personas, el desarrollo pierde profundidad y termina siendo frágil.

El documento, titulado “Invertir en las personas para crear oportunidades”, advierte que, aunque en las últimas dos décadas muchas economías emergentes lograron avances en la reducción de la pobreza, persisten brechas estructurales en educación, salud y habilidades laborales que limitan el potencial de crecimiento y empoderamiento de millones de familias.

Según los autores del informe, cuando no se fortalece el capital humano —entendido como el conjunto de conocimientos, competencias y condiciones de salud que permiten a las personas participar de manera productiva en la economía— se genera un freno no solo al bienestar social, sino también a la expansión económica sostenible.

Los datos del Banco Mundial son contundentes, como la falta de inversión en los primeros años de vida, en la formación educativa y en el acceso a empleos de calidad puede reducir hasta en 51% los ingresos potenciales a lo largo de la vida de una persona. Más allá de los números, este efecto se traduce en vidas con menos oportunidades y sociedades con menor capacidad de autogenerar progreso.

El informe subraya que las brechas en capital humano no son un problema abstracto, sino que se manifiestan en el rendimiento escolar, la productividad laboral y la salud a lo largo de la vida. En muchos países, condiciones de desnutrición, baja calidad de la enseñanza y trabajos informales sin capacitación estructurada se convierten en barreras que limitan la movilidad social y la competitividad.

Un ejemplo citado en el estudio es el caso de Indonesia, donde la tasa de retraso en el crecimiento infantil —un indicador estrechamente ligado a la nutrición y el desarrollo temprano— descendió del 37% en 2013 a menos del 20% en 2024 tras años de políticas integrales en salud, nutrición y educación temprana. Para los expertos del Banco Mundial, esta experiencia demuestra que estrategias coordinadas pueden traducirse en resultados tangibles.

El impacto va más allá de los primeros años de vida. Según el informe, los entornos donde viven las familias —la calidad de los vecindarios, el acceso a servicios básicos, la seguridad y las condiciones ambientales— tienen efectos directos en las oportunidades de aprendizaje y desarrollo. Un niño de bajos ingresos que crece en un barrio con limitaciones sociales y ambientales puede enfrentar un futuro con ingresos significativamente más bajos que sus pares en entornos más favorables.

No menos importante es la relación entre empleo y capital humano. El documento del Banco Mundial señala que en muchos países de ingresos bajos y medios cerca del 70% de la fuerza laboral se concentra en la agricultura de subsistencia, microempresas o trabajos informales con escasas posibilidades de capacitación formal. Esta realidad reduce la capacidad de las personas para adaptarse a cambios tecnológicos, acceder a empleos más productivos o mejorar sus ingresos con experiencia.

Generar empleos de calidad, con acceso a formación continua y perspectivas de crecimiento, aparece así como una pieza clave para traducir el crecimiento económico en bienestar compartido. La asociación entre el sector público y privado puede jugar un rol significativo en este sentido; las empresas generan empleo, pero también pueden ser espacios para formación y desarrollo de nuevas habilidades.

Además, el informe destaca que la capacitación debe responder a las necesidades reales del mercado laboral. Políticas públicas que incentiven la formación técnica vinculada a sectores de alta demanda pueden mejorar la empleabilidad y la productividad, generando un círculo virtuoso entre educación, empleo y crecimiento económico.

El análisis del Banco Mundial no es solo diagnóstico, sino una llamada de atención para las políticas de desarrollo. Ante la llegada de nuevas generaciones al mercado laboral, especialmente en regiones con alto crecimiento demográfico, invertir en capital humano se vuelve urgentemente estratégico.

Experiencias comparadas muestran que ningún país ha logrado sostener tasas elevadas de crecimiento sin haber fortalecido previamente sus capacidades humanas. La infraestructura física —carreteras, telecomunicaciones, energía— impulsa la conectividad y la productividad. Pero es la infraestructura humana —salud, educación, habilidades laborales— la que sostiene la resiliencia, la innovación y la capacidad de enfrentar desafíos futuros.

Así, el Banco Mundial plantea que la expansión económica debe ir de la mano de políticas que fortalezcan la salud, potencien la educación con calidad y amplíen el acceso a empleos formales y productivos. De lo contrario, el crecimiento económico corre el riesgo de ser cuantitativamente alto pero socialmente limitado.

Invertir en las personas, concluye el informe, no es solo una cuestión de justicia social; es una estrategia inteligente para consolidar un crecimiento más sólido, inclusivo y sostenible en el tiempo.

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