El tabaquismo sigue siendo percibido como un problema no resuelto en América Latina. La preocupación aumenta en la mayoría de los adultos y piden que cada gobierno invierta en recursos para reducir el consumo.
Esto es reflejo de los estudios de opinión pública presentados en el congreso Technovation, en Buenos Aires, por Simone Gianetto, vicepresidente de Povaddo, una agencia especializada en investigación de opinión pública y comportamiento social, a partir de cuatro estudios realizados desde 2023 en distintos países de la región, todos entre población adulta general.
Pese a las legislaciones de la región, la realidad en la percepción de la gente es que se sigue creyendo que “fumar es un problema y que no se ha hecho suficiente”, afirmó Gianetto.
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En la encuesta del 2025 llevada a cabo en cuatro países, la mayoría de los adultos consideró importante que su gobierno enfoque recursos en reducir las tasas de tabaquismo, incluso comparado con otros problemas.
En 2026, el dato confirmó que la mayoría cree que las tasas no han cambiado o están aumentando, y que los esfuerzos de control hasta ahora no han sido efectivos. Cuando se mostraron datos sobre muertes anuales por tabaquismo, más del 90% en algunos países dijo que se necesita hacer más. Y aquí aparece un dato clave: no importa si son 1.000 muertes en Panamá o 50.000 en México, el porcentaje es similar. “Ningún número es suficientemente pequeño”, remarcó.
Pero al hablar de acciones, no se piden más impuestos y restricciones, sino un nuevo enfoque. Y a pesar de tener alternativas tecnológicas con investigaciones científicas avaladas, el público no lo entiende y es escéptico, explica.
En el 2024, la mayoría de los adultos mencionaron que no están familiarizados con alternativas más tecnológicas. Solo un 20% tiene conocimiento sobre los productos como el tabaco calentado y bolsitas de nicotina, tanto en Argentina como en Brasil.
Esto también ocurre entre fumadores adultos, en su mayoría por la falta de información. Esa confusión se profundiza al preguntar por el daño. En 2026, siempre siguiendo la información presentada por Gianetto, se consultó qué componente era más dañino: humo, tabaco, alquitrán o nicotina. La mayoría manifestó que los cuatro son igualmente dañinos.
Pero esto contradice la ciencia, ya que la nicotina, aunque adictiva, no es carcinogénica. Aun así, más del 80% cree que la nicotina causa cáncer, y más del 90% cree que todos los productos de tabaco y nicotina son igualmente dañinos. La mayoría cree incluso que son igual o más dañinos que los cigarrillos.
Frente a esta premisa, la población solo pide información. Desde el 2023, dos tercios de la población cree que puede tener un enfoque adecuado, en el 2026, la mayoría cree que la innovación y tecnología puede jugar un rol importante.
Frente a las evidencias científicas, se plantea que la regulación debería ser revisada objetivamente por el gobierno para acompañar el proceso y barajar una gama de productos libres de humo.
¿Qué sostiene la OMS ante este escenario?
Los datos de la Organización Mundial de la Salud confirman la gravedad del problema que la ciudadanía percibe. El tabaco daña casi todos los órganos del cuerpo y causa cáncer, enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, enfermedades pulmonares, disminución de la fecundidad, debilitamiento del sistema inmunitario y muerte prematura.
Mata cada año a más de 7 millones de personas, entre ellas más de 1,6 millones que no fuman, pero están expuestas al humo. Todas las formas de consumo de tabaco son perjudiciales y no existe un nivel seguro de exposición.
Alrededor del 80% de los 1.200 millones de consumidores que hay en el mundo viven en países de ingresos medianos o bajos, donde la carga de morbimortalidad asociada es más alta, y el consumo aumenta la pobreza porque los hogares gastan en tabaco un dinero que podrían dedicar a necesidades básicas como la alimentación y la vivienda.
Para hacer frente a esta epidemia, la OMS puso en marcha en 2007 el conjunto de medidas Mpower: vigilar el consumo y las políticas de prevención, proteger a la población frente al consumo, ofrecer ayuda para abandonar, advertir de los peligros, hacer cumplir las prohibiciones de publicidad, promoción y patrocinio, y aumentar los impuestos sobre el tabaco.
La OMS sostiene que los impuestos son la medida más costo-eficiente para reducir el consumo, sobre todo entre jóvenes y grupos de ingresos bajos, aunque solo 41 países, que representan el 12% de la población mundial, han introducido impuestos hasta el nivel recomendado.
Para Gianetto, la ciencia, la tecnología y la voluntad pública están dadas. “El tabaquismo no es un problema sin solución en América Latina y el público nos ha mostrado el camino. La oportunidad nunca ha sido mayor”, concluyó.


