La IA no reemplaza al profesional, pero lo obliga a repensar su rol

El avance acelerado de la inteligencia artificial está transformando la manera en que trabajan los profesionales de varios sectores. El desafío no se trata de adoptar la tecnología, sino gestionar los datos, recuperar el pensamiento crítico y traer de vuelta al humano al centro.

| Por La Tribuna
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Inteligencia artificialActualmente más de 2.500 millones de personas usan la inteligencia artificial a diario, pero el desafío actual en el mundo laboral no es tecnológico, sino humano, expuso Martina Roa, periodista especialista en innovación.

El equipo de La Tribuna estuvo presente en el congreso Technovation de PMI, celebrado en Buenos Aires, con referentes de medios de comunicación, salud, seguridad y sector público.

Uno de los temas que abordaron durante la conferencia fue el uso de la inteligencia artificial. Esta herramienta dejó de ser el futuro y se instaló finalmente en la rutina de millones de personas. Según los datos de Google más de 2.500 millones la usan a diario, una cifra que hace dos años quizá no existía. Esto marca un punto de inflexión sobre la transformación que está redefiniendo el mundo laboral.

Martina Roa, periodista con más de 20 años de trayectoria y columnista de La Nación en temas de innovación, sostiene que el debate no pasa por si la IA llega o no, sino por cómo se adopta en la actualidad.

Sin embargo, pese al avance, todavía se ve un acceso desigual, ya que quienes pagan suscripciones o tienen versiones corporativas son una minoría privilegiada, mientras la mayoría explora estas herramientas de manera rudimentaria. “Tenemos que aprovechar la ventaja, porque todavía somos la minoría”, señala.

¿Quiénes son los dueños de los datos?

Las IA, al ser una herramienta, tienen como materia prima los datos, y estas se alimentan de lo que vamos generando y van construyendo así su base de datos, estructurada o desestructurada.

Explicó que al analizar los datos, Latinoamérica no es la mejor, por lo que el desafío actual es mejorar y gobernar nuestras bases de datos.

La explicación en volúmenes de datos almacenados a lo largo del tiempo da como resultado que en el 2020 el mundo generaba 47 zettabytes, para el 2030 se pretende alcanzar unos 612 zettabytes y en el 2035 escalaría a 2.142 zettabytes.

La pregunta que propone es si estamos listos para gestionar 12 veces más datos en 2030 de los que se gestionaban hace pocos años. Esto abarca desde archivos de texto, fotos y videos hasta el consumo masivo de datos que generan la inteligencia artificial, el streaming y los dispositivos conectados.

“¿Tener datos te da poder? No. Tener datos los tenemos todos. Estamos inundados en datos. ¿Quién puede gobernar estos datos?”, cuestiona. Y explica que como región se arrastra una deuda estructural referente a ellos, por lo que si queremos ser primeros, debemos ordenar la casa.

El desorden tiene consecuencia directa sobre el empleo, ya que una mala gestión de datos afecta las decisiones sobre las tareas para la automatización, creación de roles y perfiles.

Una encuesta de Gallup, una consultora que analiza el impacto de la IA en el trabajo, estudio, etc., revela que siete de cada diez profesionales son más productivos con IA, pero solo uno de cada diez está transformando la manera en que trabaja. “Estamos haciendo lo de siempre, un poquito más rápido. Ahí estamos perdiendo la ventaja”, advierte Roa.

Pero el dato más incómodo es el miedo. “¿Sabés cómo está tu equipo? Tiene miedo de quedarse sin trabajo, de quedarse obsoleto. Está haciendo un duelo profesional”, explica. Para Roa, ese duelo no se resuelve con capacitación sino con acompañamiento, ya que el ser humano por naturaleza necesita ser el centro.

Lo que la IA no puede leer

Frente a la idea de que la IA puede resolver todo, Roa menciona que al ser una herramienta, esta trabaja con el pasado, por lo que hay lagunas con lo que emerge. “La IA tiene un punto ciego en el presente. Ahí tenemos que salir a relucir nosotros. Podemos leer la sala, entender al equipo, leer al cliente insatisfecho. La IA no puede. Ahí es donde nos tenemos que volver más humanos”.

Como referencia mencionó a Duncan Wardle, exgerente de creatividad de Disney, cuando advirtió que cuanto más experiencia acumula un profesional, más caudaloso se vuelve su río de pensamiento y más difícil le resulta mirar lo que hay a la vera.

El riesgo, entonces, no es que la IA reemplace al profesional, sino que el profesional se quede “mirando el río mientras el paisaje cambia”.

Finalmente, Roa explica que no se trata de resistirse ni rendirse, sino de transformarse y esto se aplica a todas las profesiones.

El perfil que emerge exige cuatro claves que son la curiosidad radical que aprende haciendo; ser políglota del conocimiento con una identidad flexible, tener autonomía y responsabilidad intelectual.

“Puedo generar espanto o puedo generar entusiasmo. Ojalá que sientan entusiasmo por transformarse hoy, en el 2026, en profesionales renacentistas”, finaliza.

La IA hoy define no solo el futuro del trabajo, sino el lugar que cada profesional ocupa en él.

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