Las niñas no solo padecen las consecuencias de las emergencias climáticas, también tienen una mirada propia sobre lo que ocurre en sus comunidades y pueden aportar a las decisiones para enfrentarlas. En el Día Internacional de la Niña, que se conmemora este domingo 11 de octubre, Plan International Paraguay plantea que esas voces sean consideradas en los planes locales de gestión de riesgos.
Noelia Errecarte, representante en el país de la organización, explicó que una consulta a 242 niños, niñas, adolescentes y jóvenes de entre 10 y 24 años, en Guairá, Paraguarí, San Pedro y Caaguazú, buscó conocer cómo perciben la transformación climática. La consulta se desarrolló en comunidades rurales y sus resultados corresponden a quienes participaron.
Una fotografía de la realidad
Además, la organización impulsó una experiencia en la que niñas fotografiaron aspectos de sus entornos que consideran significativos. En las imágenes aparecieron viviendas abandonadas por familias que buscaron otras oportunidades tras perder cultivos y animales debido a la sequía. El impacto no se limita a la economía, también cambia la vida social de las comunidades.
Errecarte señaló que la preparación y la resiliencia climática todavía tienen una presencia incipiente en la conversación local. Consideró importante que los municipios incorporen la gestión de riesgos en sus planes y tengan en cuenta las ideas de niñas y adolescentes al diseñar respuestas ante las emergencias.
Su derecho a vivir dignamente
La representante también llamó la atención sobre las comunidades expuestas a inundaciones y planteó qué ocurriría con las niñas y adolescentes de los bañados si debieran ser desplazadas y dónde serían reubicadas.
La conmemoración del Día Internacional de la Niña vuelve a recordar el derecho a ser escuchadas.
La crisis climática también amenaza los espacios juveniles
Un tinglado que servía como espacio de encuentro y recreación para jóvenes de Caaguazú quedó destruido tras un temporal registrado a finales de septiembre. La estructura había sido levantada con aportes de la comunidad y del municipio, y era utilizada para actividades deportivas y recreativas.
El caso fue recordado por Noelia Errecarte, representante en Paraguay de Plan International, al describir una experiencia en la que niñas fotografiaron aspectos de su entorno vinculados con la crisis climática. Entre las imágenes tomadas en Caaguazú figuraba el tinglado derrumbado.
Para Errecarte, la escena muestra que los daños de los fenómenos extremos no se limitan a las viviendas o a las pérdidas materiales. Cuando desaparecen espacios comunitarios también se reducen las oportunidades de encuentro, deporte y recreación para niñas, niños, adolescentes y jóvenes.
La representante sostuvo que las infraestructuras deben proyectarse considerando las nuevas condiciones ambientales y que la adaptación climática no puede entenderse únicamente como una cuestión de obras públicas, sino también como un asunto vinculado con los derechos y las oportunidades de la población joven.
La experiencia fotográfica también permitió registrar viviendas rurales abandonadas luego de que la sequía afectara los cultivos y animales de algunas familias. Esas imágenes reflejan cómo los fenómenos climáticos pueden alterar tanto los medios de vida como las relaciones y dinámicas de una comunidad.
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