A los 39 años, Lira Giménez estaba sola frente al médico cuando recibió el diagnóstico de cáncer de mama. Había ido a una curación, después de una cirugía por otro cuadro. Apenas ocho días estaba de nuevo dentro del quirófano para una mastectomía radical con vaciamiento ganglionar y luego realizó sesiones de quimioterapia.
“Cuando llegué a casa, abracé a mi hija que tenía tres años y me arrodillé en mi jardín. Le pedí a Dios que me permitiera vivir por ella”, recuerda. El tratamiento tuvo buenos resultados y Lira continuó trabajando, con una vida normal.
“Nunca dejé que la enfermedad dominara mi vida”
Tres años después, cuando el pronóstico estaba en su momento más favorable, le detectaron metástasis en el hígado. “Pensaba, si volvió, es porque ya es mi fin”, confiesa. Pero no se dejó vencer por el desánimo y comenzó nuevamente el tratamiento, con 15 sesiones de quimioterapia y una inmunoterapia con anticuerpos monoclonales. Hasta hoy continúa con controles y, aunque tiene un diagnóstico de estadio cuatro, asegura llevar una vida normal.
“Entre quimio y quimio disfruté de conciertos, de partidos de fútbol; nunca dejé que la enfermedad dominara mi vida”, afirma. En su carrera profesional, llegó a ocupar un alto cargo en el sector público. “La enfermedad no te define”, sostiene.
Para ella, el gran secreto de su vida, que considera exitosa, es la contención familiar. Destacó el acompañamiento de su marido desde el principio hasta ahora, así como de sus hijos, su madre, su hermano y sus médicos. El proceso le permitió valorar a su familia y comprender que la vida es finita.
El nacimiento de Amacma y de la esperanza
Su experiencia también la llevó a acompañar a otras mujeres. Hace años había poco acceso a información sobre el cáncer de mama, pero ella comenzó a reunirse con pacientes en la casa de la doctora Raquel Arzamendia. De esos encuentros surgieron actividades de concientización y, en 2010, un gran evento en la calle Palma. Luego nació la Asociación de Mujeres de Apoyo contra el Cáncer de Mama (Amacma), de la que Lira formó parte durante casi 13 años.
Hoy mira ese camino con gratitud. “Nada se termina hasta que se termina”, afirma, y anima a las mujeres a realizarse controles, mamografías, ecografías y autoexploración. “Lo peor que podemos hacer es no hacer nada”, sostiene.


