Paraguay enfrenta un problema estructural con respecto al empleo. Hay un desajuste entre lo que estudian los jóvenes y lo que realmente necesita la economía. Irónicamente, mientras el desempleo juvenil persiste, sectores estratégicos no logran cubrir vacantes que son indispensables para su desarrollo.
El especialista en empleo Enrique López Arce advierte que “el país no está formando lo que se necesita”. “La paradoja es que las empresas saben que hay jóvenes buscando trabajo, pero los postulantes no tienen los perfiles adecuados, pues estudiaron carreras con otra orientación”, analiza.
Según indicó, las áreas con mayor demanda hoy en día incluyen técnicos industriales, en electricidad, en mecánica, logística, manufactura, mantenimiento, agroindustria y programación de datos. Sin embargo, los jóvenes suelen inclinarse por carreras con menor demanda como Derecho, Enfermería, Administración o Educación, guiados por la visibilidad social que puedan ganar, la influencia de sus familias o de las redes.
Riesgo económico a largo plazo
El Foro Económico Mundial advierte que este patrón representa un riesgo económico de largo plazo. Elegir carreras sin información concreta sobre el mercado laboral aumenta el desempleo juvenil.
La orientación vocacional debe comenzar desde la adolescencia, en el colegio, pero en Paraguay llega tarde y carece de especialización. Al elegir su camino profesional, los jóvenes no tienen en cuenta los salarios que se ganan, si realmente hay demanda laboral o si tienen habilidades emergentes sobre el tema.
No estudian IA y no adquieren habilidades para el futuro
En otro orden, la escasa incorporación de la inteligencia artificial en la educación agrava el panorama. De 48 universidades privadas y 11 públicas, solo tres ofrecen posgrados en IA en Paraguay. La alfabetización digital es desigual y los jóvenes desconocen cuáles serán las habilidades críticas en los próximos cinco o 10 años.
“Esto es preocupante porque los empleos de entrada, los que ocupan los jóvenes, son los más expuestos a la automatización. Además, la falta de experiencia laboral temprana limita la conexión con oportunidades reales. El 45% no accede a su primer empleo por falta de experiencia, y las pasantías que dan las empresas son pocas, especialmente en industria, logística y energía”, cuenta Enrique López Arce.
Sin información ni práctica real se genera un círculo difícil de romper del que hablamos; jóvenes que buscan desesperadamente empleo, mientras que las empresas no encuentran talentos reales. López Arce enfatiza que revertir esta situación requiere coordinación entre educación, sector privado y políticas públicas, con enfoque en datos, planificación y anticipación de la demanda futura.
Puntos clave:
- Búsqueda de talentos: faltan técnicos industriales, electricistas, mecánicos, expertos en logística, agroindustria y programadores.
- El vacío tecnológico: de 59 universidades, solo tres ofrecen posgrados en IA. La falta de alfabetización digital deja a los jóvenes vulnerables ante la automatización.
- Barreras de entrada: el 45% de los jóvenes no consigue su primer empleo por falta de experiencia, agravado por la escasez de pasantías en industrias clave.
- La urgencia: sin una orientación vocacional temprana y una alianza entre educación y sector privado, el riesgo económico a largo plazo es crítico.


