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El derecho a vivir seguros: instan a prevenir raudales en las ciudades

Los raudales en el país ya se cobraron vidas y exponen una deuda estructural. La directora regional de la Cruz Roja, Loyce Pace, recordó en su visita a Paraguay que vivir seguro también es un derecho humano, e instó a la prevención y las alertas tempranas también en zonas urbanas.

| Por La Tribuna
Los desastres naturales no son solo los que escuchamos en las noticias internacionales. Con cada lluvia, tenemos nuestra propia catástrofe aquí, en Asunción.

Cuando el temporal azota al país, la situación no se reduce a un fenómeno climático pasajero. El agua arrastra con violencia árboles, vehículos, seres humanos. Las calles se convierten en cauces improvisados en los que, en lugar de transitar, automóviles y colectivos “navegan”.

Este año, la muerte de un niño en medio de un raudal volvió a poner en evidencia algo que muchas veces se naturaliza; en la ciudad el desastre también existe. Y no debería. Porque vivir seguro no es un privilegio, sino un derecho, pero la planificación no siempre acompaña el crecimiento de la ciudad.

La acción anticipatoria es clave

Loyce Pace, directora regional para las Américas de la Cruz Roja, visitó recientemente el país y, en una entrevista, planteó la necesidad urgente de prevenir estos desastres urbanos.

Su enfoque no se queda en la respuesta posterior, sino que insiste en un concepto que gana cada vez más peso en el ámbito humanitario: la acción anticipatoria.

Eso implica, por ejemplo, sistemas de alertas tempranas que puedan llegar al celular minutos antes de un evento crítico. Pero también algo más simple, y a veces más efectivo, el boca a boca organizado en la comunidad.

“Se puede bajar el impacto”

La Cruz Roja trabaja también en identificar riesgos y reaccionar ante una emergencia.

En el caso de las ciudades, el desafío es mayor porque los riesgos no siempre son percibidos como tales. Los raudales, por ejemplo, forman parte del paisaje cotidiano de cada tormenta, pero, aunque los normalizamos, hay una amenaza real.

Es allí cuando el rol de la Cruz Roja cobra relevancia como organismo auxiliar del Estado. “Trabajamos con el Gobierno para entender esos riesgos, también los de infraestructura”, explica Pace, quien aseguró que saben lo que pasa porque están en las comunidades.

Todos pueden ser voluntarios

En Paraguay, la organización cuenta con 18 filiales, una en cada departamento, y más de 1.000 voluntarios. Son ellos quienes, muchas veces, están primero en el terreno asistiendo, pero no dan abasto ante la magnitud de los raudales. Si usted quiere formar parte de la Cruz Roja, solo es cuestión de acercarse a la filial que está en su departamento y le indicarán qué documentos presentar. Se abren convocatorias cada cierto tiempo y son difundidas en las redes sociales de la organización.

Refugios, alimentos, kits de higiene, agua potable, materiales para reparar viviendas e incluso asistencia económica forman parte de la asistencia que da la Cruz Roja a las familias que quedan anegadas tras las tormentas, principalmente en el interior del país. Con respecto al área metropolitana, desde la organización humanitaria esperan por sobre todo que los gobiernos mejoren la infraestructura.

En un país en el que los eventos climáticos extremos son cada vez más frecuentes, y donde las ciudades crecen más rápido que su capacidad de adaptación, repensar la seguridad desde una lógica preventiva se vuelve urgente para la Cruz Roja.

Recordemos que el próximo raudal no es una posibilidad lejana, sino una certeza. La diferencia está en si lo esperamos o si permitimos que nos vuelva a sorprender.

Loyce Pace señaló que también posee una faceta diplomática en la que tiene conversaciones con las autoridades y sugiere cómo prevenir que la gente padezca los desastres naturales.

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