Mateo Gómez ingresó en la primera a la universidad más exigente del país

Mateo Gómez se preparó durante dos años para rendir exámenes completamente en inglés, dejó las redes sociales y enfrentó semanas de ansiedad hasta co…

| Por La Tribuna-
Mateo, junto a su hermana Nahiara, que tiene 15 años y seguirá sus pasos en cuanto a
disciplina y estudio.
Taiwán Mateo, junto a su hermana Nahiara, que tiene 15 años y seguirá sus pasos en cuanto a disciplina y estudio.

Mateo Gómez se preparó durante dos años para rendir exámenes completamente en inglés, dejó las redes sociales y enfrentó semanas de ansiedad hasta conocer el resultado. Ingresó en el primer intento a una de las universidades más exigentes del país y convirtió el logro en una celebración familiar inolvidable.

El día que la Universidad Politécnica Taiwán–Paraguay publicó la lista de ingresantes, Mateo Gómez buscó su nombre más de una vez para asegurarse de que era real. Cuando lo encontró, la emoción fue inmediata. Con apenas 17 años, acababa de ingresar en su primer intento a una de las instituciones más exigentes del país. “Me lo propuse y me convencí de que así iba a ser”, cuenta con una mezcla de seguridad y humildad.

Pero detrás de esa convicción hubo dos años de intensa preparación. Desde el segundo año del nivel medio decidió que el inglés no sería una barrera para él. Sabía que en la Politécnica todos los contenidos y exámenes son 100% en ese idioma. No se trataba solo de entender el idioma; debía estudiar precálculo y física en inglés, razonar conceptos técnicos y defenderlos con claridad, incluso en evaluaciones orales.

Durante 2024 y 2025 asistió a clases intensivas de inglés, tres veces por semana. “El inglés del colegio es muy básico, como en casi todos. Él sabía que necesitaba reforzarlo”, explica su padre, Pablo Gómez.

Años de estudio sin excusas

Cuando salía del Colegio y Escuela Técnica «Sagrado Corazón de Jesús–Salesianito», y sus padres lo llevaban a sus clases de inglés en plena hora pico.

En abril de 2025 inició el cursillo extensivo para el ingreso, durante 10 horas cada sábado. Desde ese momento, todo lo que estudiaba ya era en inglés. Al concluir el colegio, la preparación se volvió aún más exigente y diaria.

En enero decidió dejar las redes sociales para concentrarse en el estudio. El 29 de ese mes rindió el examen de matemática, y una semana después llegó el examen oral de física, donde debía demostrar sus conocimientos en inglés frente a evaluadores. En total, tres semanas de ansiedad.

Un festejo por todo lo alto

Cuando finalmente apareció la lista oficial en redes sociales, la celebración fue multitudinaria. Desde el barrio Sajonia partió una caravana de unos 20 vehículos que recorrió la costanera y el centro. Familiares y amigos lo acompañaron en el festejo. Su mamá, Claudia Oliveira y Silva; su abuela Gloria Lacentre; y sus hermanas Nahiara, Constanza y Paula siguieron cada etapa con emoción.

Mateo reconoce el gran apoyo que le dieron sus padres. “Me sacrifiqué, pero quienes más se sacrificaron haciéndome estudiar toda la vida son mis padres”, expresó.

El único de su promoción que lo logró

Ni bien supieron que ingresó, toda su familia y amigos se reunieron para hacer una gran caravana y celebrar el logro.
Ni bien supieron que ingresó, toda su familia y amigos se reunieron para hacer una gran caravana y celebrar el logro.

Fue el único de su promoción en lograr el ingreso en el primer intento, algo poco común debido a que la mayoría de los estudiantes suele lograrlo recién en la segunda oportunidad. Ese detalle le genera sentimientos encontrados. “Estudié con ellos y me duele que no hayan tenido la misma oportunidad”, dice. Conversó con sus compañeros que no ingresaron y los animó a volver a intentarlo el próximo año.

Quiere estudiar Ingeniería Informática, aunque asegura que cualquiera de las ingenierías que ofrece la universidad le resulta impresionante. Valora el privilegio de acceder a una educación de alto nivel sin salir del país, aunque no descarta postular a una beca en el extranjero para un posgrado. Por ahora, disfruta de algo igual de importante: estar cerca de casa.

A los 17 años, Mateo Gómez ya entendió que los sueños no se logran con los brazos cruzados. Se construyen con renuncias silenciosas y una red de apoyo que acompaña incluso en los días difíciles. Su nombre en esa lista no fue cuestión de suerte, sino el resultado de convicción, constancia y esfuerzo.

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