Dejaron trabajos cómodos para viajar y aprender a cuidar nuestro entorno

Ariel y su compañera recorren Sudamérica en una casa rodante, con solo lo básico para vivir y con un equipaje que consideran más importante: su proyecto de educación ambiental. En su viaje permanente, combinan artesanía y relevamientos de flora y fauna nativa para mostrar lo que encuentran en cada país.

| Por La Tribuna
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.Quienes viven en esta suerte de vecindario de casas rodantes de Asunción no necesariamente son compañeros de viaje o amigos, sino que coincidieron temporalmente en este espacio.Emilio Ayala, La Tribuna

En la Costanera Norte, casi llegando a la base policial ubicada en José Asunción Flores y Cañadón Chaqueño y cerca de la rotonda, se encontrará con un vecindario de casas rodantes. Este lugar fue elegido por una pequeña comunidad de viajeros extranjeros para instalarse temporalmente como parte de un recorrido por Latinoamérica que, más que una aventura, es el estilo de vida que eligieron.

Entre ellos conocimos a Ariel, un argentino de Paraná, Entre Ríos, que junto con su compañera dejó hace tres años la comodidad de sus trabajos y casas tradicionales para comenzar una vida itinerante en contacto con la naturaleza. Mientras viajan, desarrollan un proyecto de educación ambiental, en el que registran fauna y flora de cada territorio y suben el contenido a su canal de YouTube: Los taguatoses.

Están en Paraguay desde marzo, aunque han salido del país varias veces y regresan por la amabilidad de la gente y la rica vida silvestre que encuentran en sus expediciones. Ya hicieron videos sobre parques y bosques nativos.

Una inquietud más allá de lo monetario

Ariel explica que la decisión de convertirse en viajeros permanentes no nació de una necesidad económica. Ambos tenían trabajos bien remunerados, pero no estaban conformes con esa rutina. El cambio comenzó cuando observaron el deterioro de humedales y ambientes naturales. “Decidimos que nuestra conciencia no podía estar tranquila si estábamos consumiendo tanto, entonces decidimos comenzar a utilizar solo lo básico para vivir, cuidando así recursos como el agua”, relató.

Del aire acondicionado y la cama cómoda pasaron a vivir en un vehículo. No desconocen que es un desafío vivir sin electricidad y sin una ducha caliente, pero aseguran que encontraron felicidad, autonomía y tranquilidad al reducir el consumo de recursos.

Trabajo para subsistir y para llenar el corazón

El sustento llega por medio de la venta de artesanía, que les permite continuar el viaje. La educación ambiental, en cambio, es el objetivo principal, aunque no sea remunerada. A través de su canal, identifican especies de fauna y flora nativas y registran los ambientes en distintas estaciones.

El camino también tuvo golpes. En enero del año pasado les robaron sus cámaras en Argentina y este año sufrieron un grave accidente en Brasil. Desde marzo entran y salen de Asunción mientras recuperan parte de lo perdido.

No son la única casa rodante en la zona; hay otras 10 de distintos países. No todos se conocen, simplemente coincidieron en esta área de la Costanera y aseguran que no tuvieron inconvenientes con la Municipalidad. “No generamos disturbios, cumplimos las reglas de convivencia, mantenemos limpio el lugar”, resume Ariel. Aunque tienen cariño por nuestra capital, pronto seguirán hacia el Chaco paraguayo y la selva paranaense.

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